Leyenda de Bartolo el Prieto

En las tranquilas noches provincianas de hace siglo y medio, los vecinos de los barrios a la orilla de la ciudad laguense se juntaban al oscurecer después del trabajo a tomar un merecido descanso, en las esquinas más próximas a su domicilio o entorno al fogón de la cocina.
En ese entonces no había ni radio, ni tele, ni luz eléctrica, así que el chisme era el medio de comunicación oral más frecuente e influyente entre el vecindario.
Por ello la charla nocturna era un verdadero deleite, se fumaban grandes cigarros con hojas de maíz con un café o atole de masa y piloncillo para contar las noticias más recientes, las riñas con saldos trágicos de acuchillados, o bien esos eternos enredos amorosos que hacían brotar cuernos en la frente.
Pero entre las charlas más recurrentes estaban las historias de bandidos fabulosos y tesoros que aguardaban a los más temerarios para poseerlos y hacerse ricos de la noche a la mañana garantizando un futuro feliz.
Una de esas leyendas que nació en el siglo XIX fue la de Bartolo Prieto, un especie de Robin Hood laguense, quien robaba dinero a los ricos para aliviar un poco la miseria de los pobres.
Contaban los abuelos que ese tal Bartolo Prieto estuvo escondiendo mucho dinero robado en una cueva del Cerro de la Bola al poniente de la ciudad.
Junto con sus socios bandidos, Eulogio Morales y Félix López, se dice cometieron muchos robos, entre ellos el cometido el 16 de mayo de 1853, día que al amparo de la oscuridad, la banda de Bartolo Prieto asaltó el comercio del señor Calvillo.
Un mal día le cayó la federación a Bartolo, y le dieron piso sin que el famoso bandido pudiera decir donde quedó su tesoro, así la imaginación de los laguenses hizo que naciera la leyenda.
Dicha leyenda cuenta que en la cueva mágica del bandido se abre los jueves santos de la Asunción y del Corpus, y aquél que lograba dar con ella e ingresaba inmediatamente podía oír el ánima de Bartolo Prieto arrastrando cadenas y diciendo: “todo o nada, todo o nada”.
Cuenta la leyenda que quienes han entrado a la cueva, han quedado sepultados ahí para siempre porque nunca lograron sacar todo el tesoro que dejó el temible Bartolo el Prieto.
Tumbas importantes en Lagos

En el cementerio municipal de Lagos de Moreno, llamado “La Soledad” se encuentran miles de tumbas de laguenses a los que ha venido a visitar la muerte.
Incluso, en dicho cementerio se encuentran algunas tumbas de personajes emblemáticos del municipio y la historia de nuestro país.
Algunos de los personajes que podemos encontrar, al recorrer el largo cementerio, son Evaristo Azuela, Apolonio Moreno, Francisco González León, el general Juan Pablo Anaya, el agrarista Macenodio Ayala, entre algunos otros.
Al iniciar el recorrido, cerca de la puerta principal, encontramos una tumba con lápida de cantera en donde yacen los restos del señor Evaristo Azuela, padre el famoso escritor laguense Mariano Azuela.
Continuando con el camino hay una tumba de cantera un poco dañada por el paso del tiempo, en donde está sepultado Ausencio López Arce, periodista y fundador del periódico “el defensor del pueblo”.
López Arce fue fundador de la junta patriótica Pedro Moreno, de la que fuera presidente honorario, Agustín Rivera.
Más adelante se percibe una tumba con una sencilla lápida de cantera, en donde se puede leer: “Aquí yacen los restos del señor General Juan Pablo Anaya”.
Juan Pablo Anaya nació un 26 de junio de 1785, en la entonces villa de Santa María de los Lagos, y fue uno de los primeros insurgentes laguenses que se unieron en 1810 al cura Miguel Hidalgo y Costilla, con quien luchó en la célebre batalla del Puente de Calderón el 17 de Enero de 1811.
Anaya entró a México con el ejército Trigarante para consumar la Independencia de México, el 27 de septiembre de 1821.
Fue capitán, alcanzando posteriormente el grado de Coronel, y llegó a ser Mariscal de Campo, General de División, Ministro de Guerra en 1833, Gobernador del estado de Tabasco en 1845, y llegó al senado de la República.
Murió un 24 de agosto de 1850 en su ciudad natal a causa del cólera morbos.
Adentrándonos más al Panteón de la Soledad se encuentra una tumba de cantera con muchos más detalles, perteneciente al señor Alfredo Hernández Terés, quien fuera fundador de la corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana en Lagos de Moreno. También editó varios periódicos y revistas, siendo merecedor, en 1974, de la medalla de oro “Miguel Alemán V”.
Otro de los personajes laguenses importantes a nivel nacional que podemos encontrar en el cementerio municipal es el poeta Francisco González León.
González León se graduó de farmacéutico en Guadalajara, y a su regreso a Lagos figuró como catedrático de español, literatura y francés en el Liceo del Padre Guerra, en donde fue alumno.
A la par atendía su botica que bautizó como “La luz”, a un costado del Jardín de los Constituyentes de esta ciudad, donde entre los clientes y pausas escribía sus poemas.
En 1903, resultó ganador junto con Mariano Azuela, en los primeros juegos florales de Lagos. Se publicaron algunos de sus poemarios como “Megalomanías” (1908), su libro más importante fue “Campanas de la tarde”, donde expresó la quietud conventual de la vida en Lagos.
Siguiendo con los escritores e intelectuales, se pueden encontrar los restos del poeta José Becerra, quien fue miembro de la brillante generación de 1903 conformada por escritores laguenses; y Alfonso G. Mata reconocido como uno de los más prestigiosos profesores del Liceo del Padre Miguel Guerra.
Otra de las figuras más representativas del municipio es el músico Apolonio Moreno, quien a pesar de haber muerto y haber sido sepultado en el olvido en el estado de Guanajuato, posteriormente fue trasladado al cementerio municipal de Lagos de Moreno, donde ahora se encuentran sus restos.
Apolonio Moreno fue un insigne músico y compositor, su obra trascendió las fronteras mexicanas a través de sus composiciones como lo son la marcha “Tres piedras”, “Paso doble”, “30 y vuelta”, entre muchas otras.
Al continuar con el recorrido, se puede encontrar una tumba con una columna de cantera en donde se encuentran los restos del agrarista Macedonio Ayala.
Macedonio Ayala luchó para que las antiguas haciendas agroganaderas del municipio repartieran las tierras a los campesinos, logrando que se formaran más de 40 ejidos en Lagos de Moreno y la región, sobre todo durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas (1934-1940).
Ayala es considerado como un mártir del agrarismo por la comunidad ejidal de Lagos de Moreno.
De igual forma, encontramos tumbas de otros personajes importantes, aunque quizá no tan conocidos por los laguenses, tales como Albino Aranda quien fue diputado miembro del Constituyente de 1957, que emitió la Constitución de Reforma. Fue jefe político del cantón de Lagos de Moreno y consiguió del presidente Benito Juárez la donación del edificio del Convento de Capuchinas para instalar el Liceo del Padre Miguel Leandro Guerra, en 1867.

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