Mientras en otros lugares del mundo nos helamos por las olas de frío, hay quien se disputa el gélido título de ser el lugar habitado más frío del mundo.
Oymyakon, un remoto pueblo ruso de 920 habitantes al este de Siberia, tiene el primer puesto, con -50ºC de temperatura habitual en invierno. Los responsables de la web oficial de turismo cuentan cómo es vivir donde el frío congela lágrimas, barbas, pestañas y todo lo que no esté a cubierto.
El frío tiene otros inconvenientes, algunos bastante irónicos. Por ejemplo, las cañerías se congelan, así que los servicios están en pequeñas casetas de madera a la intemperie, con letrinas cavadas en la nieve. El meteorólogo de TVE Mario Picazo hizo un reportaje desde allí y contó que hasta el papel higiénico está congelado. En la oficina de turismo nos cuentan que esta costumbre es lo que más sorprende a los visitantes.
El suelo está tan congelado que tampoco pueden cavar tumbas. Si alguien fallece, primero hay que hacer hogueras para derretir el hielo antes de meter el pico y la pala.
A menos 60 grados no puedes respirar si no es cubriéndote la cara, y es casi imposible correr. Según un residente, su perro lamió un barril de agua y se le quedó la lengua pegada. Una recién llegada al pueblo aprendió la lección número uno al ser madre: asegurarse de que los niños no toquen ni chupen nada metálico para que no les pase igual.
En 1924, el pueblo llegó al récord de 71.2 grados bajo cero. En octubre, los termómetros marcan entre -15 y -20 grados y el invierno se extiende cinco meses con cinco o seis horas de luz al día. En mayo llega el calor y en julio, mes más cálido, llegan a 34 ºC.
Moverse… depende
“Lo normal es que en invierno haga -50 grados. Cuando hace entre -45 y -40 es casi cálido. Entre -58 y -64 hay heladas extremas”, explica Max, de turismo. Cuando hace demasiado frío no se puede hacer deporte en la calle, pero bien abrigado se puede estar fuera.
Los coches “duermen” fuera de casa y tienen garajes con calefacción. “Los motores no arrancan a -20 y a -50 se quedan como un témpano”, cuentan los residentes.
Los aviones no vuelan a la zona en invierno cuando se registran -60 grados. En 2017 han cancelado todos los vuelos hasta la primavera y las mercancías llegan solo por la carretera federal. La ciudad grande más cercana, Yakutsk, está a 929 kilómetros de distancia, pero en el distrito hay otros cinco pueblos con unos 5 mil habitantes.
“Tenemos de todo. Gimnasio, café, clubs, bibliotecas, museos, tiendas, farmacias”.
También hay médicos y si ocurre algo grave, trasladan al paciente a la ciudad. A Max, de 30 años, le gusta pasar su tiempo libre en el gimnasio, pescando y viendo películas. “También me gusta viajar en coche o en moto, y en los últimos años me ha interesado mucho el turismo, el video y la fotografía”, cuenta entusiasmado. “Hay muchas cosas interesantes que hacer aquí”.
El pueblo vive en parte de la minería. Recibe dinero del Estado por la extracción de oro y tiene minas de antimonio, un metal raro. La cría de ganado y de caballos es otra de las actividades económicas. También hay pescadores y cazadores de renos y alces.
…Y la tecnología
La tinta de los bolígrafos se congela y las baterías duran muy poco. Los mecanismos de las cámaras de fotos sufren bastante. Pero según nos cuentan, no es cierto que no tengan teléfonos móviles, como se dice a veces. “Tenemos internet, Wi-Fi y televisión por satélite y todo el mundo tiene móviles. Se congelan si los sacas en la calle, pero los llevamos en el bolsillo”.
La calefacción es por cuenta de una central térmica que sirve a todo el pueblo y funciona con carbón las 24 horas del día. “Las casas están muy bien preparadas para el frío”, dice Max. Lo que no tienen es agua corriente, porque se congelan las tuberías. “En otros pueblos cercanos sí tienen y puedes ir allí a por agua o a lavar el coche, aunque en verano los lavamos en el río”.
Su nutrición
La dieta es fundamentalmente carnívora, porque no hay planta que agarre en ese suelo helado y las frutas y verduras son muy caras. Algunas de sus especialidades culinarias incluyen carne de venado, de ternera y potro. El fotógrafo Amos Chapple, que visitó la aldea en 2013 y cuyo trabajo recoge la revista Wired, menciona también el pescado crudo y sangre de caballo con pasta.
En sus orígenes la aldea era una parada de pastores de renos que aprovechaban las aguas termales de un manantial que da nombre al lugar. La Unión Soviética, que quería acabar con el nomadismo, les empujó a asentarse allí sobre 1923. De esas termas viene el agua de uso doméstico que llevan a diario a las casas en un camión cisterna y que sirve también para alimentar el sistema de calefacción. El agua potable la obtienen rascando el hielo del río.
Los niños no pueden estar fuera cuando la temperatura baja de -68 grados. Con -49 grados pueden jugar en la calle solo por 20 minutos. A -58 grados cualquier parte de la piel expuesta al frío se congela. Un mes al año los niños no van al colegio por la temperatura, las clases se suspenden a -58 grados.
El frío extremo tiene alguna ventaja, como que las casas no necesitan nevera. Si dejan los alimentos en el porche se congelan. Pero la ropa húmeda se convierte también en una placa de hielo en cuestión de minutos, como se puede ver en un vídeo del estudiante de meteorología Sebastian Bladers.
A pesar lo de lejos que está de todo, a la aldea llegan hasta 400 turistas al año atraídos por las temperaturas, y se entretienen con carreras de renos, la pesca a través del hielo y las aguas termales. También tienen “un lago sagrado y las montañas”.
Bladers subió un vídeo a YouTube de su visita a Oymyakon un día que hacía -56 grados. No tuvo problema para grabar el típico lanzamiento de agua hirviendo que se congela en el aire. Ya puesto, se revolcó en calzoncillos en la nieve, pero se le ve corriendo desencajado de frío al interior de la casa.