En León se hizo la luz. La ciudad fue pionera en el uso de la energía eléctrica en nuestro País, en la época de auge de la industria textil, en 1879, cuando se utilizó por primera vez en México la energía eléctrica en la fábrica de hilados y tejidos La Americana, propiedad de los señores Meyser y Portillo.

De acuerdo con información recabada en el Archivo Histórico de León, La Americana comenzó a operar en 1877, entre las calles de El Ratón y La Soledad, actualmente Melchor Ocampo y Aquiles Serdán, en aquel entonces, la orilla de León.

La compañía, que operó hasta los 40 del siglo pasado, llegó a generar cientos de empleos, en una época en que la industria textil era más fuerte en la región que la del calzado y la curtiduría.

“La Americana fue la primera fábrica textil a nivel nacional en contar con una planta generadora de electricidad que no sólo utilizó para sus propias necesidades, sino también para dotar de luz al poblado y al municipio de León”, señala “Memorias de la Luz y Fuerza del Centro”, un libro sobre la compañía de energía fundada en 1903 y que durante el régimen de Felipe Calderón inició su liquidación.

Poco después de La Americana, otras fábricas textiles introdujeron el uso de la electricidad y para 1889 ya se utilizaba en empresas de Durango, Puebla, Aguascalientes, Veracruz, México, Coahuila y Guanajuato. En los testimonios consultados se establece que otras industrias, como las fundidoras, comenzaron a utilizar la energía eléctrica más tarde.

En 1895 la planta de ‘Guggenheim Corporation de Aguascalientes’ usó por primera vez la energía eléctrica para el proceso de fundición de metales.

La expansión de la industria

El cronista de la ciudad, Carlos Arturo Navarro Valtierra, señala que a partir de que León alcanzó el rango de ciudad en 1830, sus industrias rebocera, talabartera, curtidora y de calzado comenzaron a prosperar, agrupándose por barrios: curtiduría y zapatería en Barrio Arriba; herrería, rebocería y zapatería, en El Coecillo; obrajes y rebocería, en San Miguel. El desempeño de la industria textil fabril en la región del Bajío hacia los inicios del Porfiriato fue importante.

Las unidades productivas se habían multiplicado hasta llegar a 10: Hércules, La Purísima y San Antonio, en Querétaro; La Reforma y San Isidro de Batanes, en Salvatierra; La Providencia, en Chamacuaro (hoy Comonfort, en Soria); La Americana, en León; La Paz y La Unión, en Morelia; y La Victoria, en Lagos de Moreno. Otro dato importante es el relativo a los mercados a los que surtían las fábricas del Bajío

La Reforma y La Providencia, de Eusebio González, proveían de manta a diversos estados. La Americana de León, en años en que todavía el ferrocarril no arribaba a Morelia, surtía hasta Michoacán.

Sin embargo, la vinculación empresarial de la zona con los centros mineros, incluyendo Guanajuato, databa en realidad desde tiempos coloniales cuando sus haciendas cerealeras y ganaderas eran quienes los surtían.

Entre ellas, la ancestral Ciénega de Mata –de una gran extensión que abarcaba estados norteños colindantes y el propio Guanajuato- propiedad de la familia jalisciense Rincón Gallardo, cuyos descendientes invertirían en la fábrica textil La Victoria y se asociarían con los Madero de Coahuila.

La Americana producía 120 mil piezas de manta confeccionadas en sus más de mil husos y 30 telares.

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