La historia de Anabel es la de muchas mujeres leonesas a quienes el amor las aparta, de momento, de su proyecto original, pero es el mismo amor el que les da la fuerza para salir adelante.
 Ella dejó de lado la locución deportiva y dio paso a la empresaria.
Desde muy pequeña mostraba interés por seguir una carrera profesional, aunque la situación económica la hacía participar, junto con todos sus hermanos, de la microempresa de bolsas que representaba el sustento de la familia.
“Desde los 6 años le entrábamos al proceso de producción de la fábrica de mi papá, que era una empresa informal pero que servía para el sustento de todos”, recuerda la joven madre de gemelitos.
“Nuestra vida se dividía entre asistir a la escuela y ayudar en las tareas del negocio por lo que aprendí el oficio desde muy pequeña, pero mi sueño era ser comunicadora, sobre todo, ser reportera de deportes”.
Y en busca de ese sueño, ingresó a la Escuela de Comunicación de la que, en el onceavo cuatrimestre (de 14), debió despedirse ya que sus mellizos venían en camino.
“Empezamos al revés. Sin tener nada nos aventuramos a vivir juntos y a esperar a nuestros bebés. Los dos dejamos nuestras carreras truncas (Óscar Frausto, su esposo, estudiaba Administración) y pasamos por distintas etapas, unas muy penosas y difíciles, en nuestro afán por formar nuestra familia”
Anabel probó en el mundo de los medios electrónicos pero los sueldos eran muy bajos, pensó en hacerse fotógrafa, lo intentó también en varios trabajos, el último de ellos, en la distribuidora Román, lo que le sirvió de inspiración ya que pensaba “Este señor (Víctor Román+) inició desde abajo. Algo se debe poder hacer para poder salir adelante, sostener a mis hijos y lograr continuar con mi carrera”.
“Además, en cada trabajo que estaba tenía que sacrificar tiempo con mis hijos, me perdía de sus eventos escolares y muchas veces, sentía que las cosas se me estaban yendo de las manos”.
Para entonces, yo diseñaba mis bolsas y un día mi papá me dijo que por qué no lo hacía para vender.
“Me dio en el ego y aunque fue difícil dije: ¡va!, todo con tal de estar con mis hijos”.
Anabel empezó desde abajo, aprendió a coser en máquina y hacía pequeños monederos para “practicar”.
Su primer diseño fue un clutch, que son esas bolsas de mano que generalmente complementan un outfit de fiesta. “Y, a partir de ahí, me empezó a ir bien”.
Decidió entonces investigar sobre la elaboración de bolsas y tomó un diplomado de un año en el CIATEC, curso especializado en el diseño de bolsas.
“Entendí los procesos, lo detallado que es la elaboración de una bolsa; elegí un nombre, mi propio nombre: Anabel Esquivel, diseñé mis etiquetas y el negocio empezó a tomar forma”
Todo el trabajo es a mano; lo único que es a máquina es la costura, y cada bolsa es un diseño individual y personalizado ya que cada clienta le va pidiendo alguna especificación y de ahí surge un nuevo modelo.
“Acabo de comprar maquinaria y estoy en el proceso de pasar de los materiales sintéticos a la piel”.
Todo ha sido como una bola de nieve que ha ido creciendo a su favor. Empezó a ofrecer su producto por redes sociales y ahora ya la buscan para entregas en la Ciudad de México, Morelia y Durango y recientemente surtió un pedido para los Estados Unidos.
Lo que hace diferente las bolsas de Anabel Esquivel es que tienen garantía de por vida, se hacen a la medida, al gusto de cada cliente y son artesanales, además de que se cuida cada detalle como los forros que son divertidos y vistosos. “Me gusta que las bolsas sean bonitas por fuera y por dentro”.
“La gran ventaja es que cada modelo que yo entrego, siempre va a ser mejor que el anterior porque la experiencia y la práctica me ayuda a perfeccionar los detalles. El hacerme empresaria fue una decisión muy difícil pero realmente, a raíz de ello, mi vida cambió”.
“Ya no pude retomar la carrera donde la dejé. Si lo hubiera intentado, tendría que haber empezado de cero por lo que ahora estudio la licenciatura en Gestión y Desarrollo Empresarial, en la UVEG, bajo la modalidad virtual. La vida no siempre es como uno la planea pero siempre puede ser mejor”.

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