En las últimas semanas se han dado en el estado de Guanajuato acontecimientos que indudablemente afectan la percepción que la ciudadanía tiene en cuanto a la seguridad pública en el estado. En efecto, en los medios de comunicación se han venido mencionando noticias que tocan esa percepción de manera importante. Así, en el periodo tiempo señalado y quizá desde antes, se ha venido insistiendo por parte de la ciudadanía que en nuestro Estado la criminalidad ha aumentado no sólo en lo que toca a lo correspondiente que se ha llamado crimen organizado en su modalidad de narcotráfico, con su cauda de homicidios y secuestros; sino también en lo referente a los robos con violencia a casas habitación, pero también en lo tocante a robos en vía pública.
Las autoridades de seguridad pública estatales han respondido de manera constante que en realidad eso no ha sucedido. Que en Guanajuato si bien los homicidios han aumentado, los robos y otros delitos en contra de la propiedad han disminuido. Quién tiene pues la razón, en realidad es difícil decirlo con toda certeza, porque las estadísticas que algunas organizaciones no gubernamentales presentan para apoyar su percepción de incremento, son en varios aspectos contradichas por las que a su vez las autoridades de seguridad pública dan a conocer, tanto en el ámbito estatal como municipal.
No es fácil aceptar lo que uno y otro dice, porque desgraciadamente la realidad en México nos presenta que no todas las empresas que se dedican a realizar encuestas y otros estudios para fines estadísticos obtienen los mismos resultados. El aspecto político y el afán de acreditar o desacreditar a los gobernantes y a alguna institución han permitido que empresas no confiables que hacen esos trabajos, los efectúen a modo de quien se los encarga. Incluso organizaciones no gubernamentales también presentan estudios al respecto del tema, los que no siempre resultan tener fundamentos suficientemente claros y por ello se toman con reserva.
En las redes sociales también se hacen comentarios, pero desgraciadamente confiar en su veracidad no es precisamente lo mejor. Con frecuencia nos encontramos que en ellas se esparcen rumores y datos carentes de sustento, por eso lo que ahí se dice no es algo que pueda tomarse de manera inmediata como verdadero. Es perfectamente sabido ahora que hay bastantes personas que las utilizan para denostar, atacar y difamar sobre todo a los políticos, pero también a los particulares.
Entonces el ciudadano común y corriente qué puede hacer ante ello, es decir a quién creer. La respuesta no es fácil porque en muchas ocasiones los datos en que se basan son reales pero incompletos y sus resultados se presentan de tal manera que dan una mayor impresión de verdad de lo que realmente es conforme su redacción y la forma de contextualizar su contenido. Es decir a veces se engaña con datos que integran verdades a medias o que son el resultado de procedimientos que conducen a perspectivas favorables para alguien pero que no son representativas de la realidad.
Quizá por lo antes señalado es que la ciudadanía prefiere atenerse a la percepción que en conjunto tiene de lo que sucede y no sólo por lo que le presentan los medios de comunicación, las redes sociales, las estadísticas oficiales o las de los organismos no gubernamentales, sino a las de su propia percepción, que se forma no sólo de lo que estadísticamente se le presenta sino también de las impresiones que va obteniendo en el medio social en que se desenvuelve combinando y filtrando lo que dicen los medios, las redes sociales y lo que informan las agrupaciones no gubernamentales. Percepción en la que indudablemente los hechos que causan mayor impacto son los que orientan en un sentido u otro. Así en el aspecto de seguridad los hechos ilícitos que se repiten con mayor frecuencia y que son conocidos fácilmente tienen mayor repercusión, así como aquellos otros en los que su resultado afecta a bienes de mucho mayor importancia que la simple propiedad de estos. Me refiero a los casos de homicidios y lesiones que dañan a los ciudadanos comunes y corrientes, pero también, a aquellos que forman parte de las policías o fuerzas de seguridad pública así como a las fuerzas armadas.
Aquí en el estado de Guanajuato se tiene la percepción de que contrario a lo que las autoridades municipales o estatales de seguridad pública dicen, los delitos han aumentado. Esto sobre todo a últimas fechas, pues los homicidios de mandos de seguridad pública y de policías se han incrementado notablemente.
Es evidente que ello contribuye a la desconfianza en la eficiencia que en relación al combate de la criminalidad se está haciendo, pues si quienes deben proteger a la ciudadanía son triste y lamentablemente blanco frecuente del crimen organizado Usted, yo y cualquiera no podemos sino tener la percepción de que en materia de seguridad las cosas no van bien en nuestro estado y que se necesita urgentemente mayor capacitación para todos los elementos policíacos, no sólo para la protección de la ciudadanía, sino para ellos mismos en su peligrosa misión.