Durante estos días se ha desatado una cantidad de mensajes que nos han puesto más que sobre aviso, nos pueden llenar de temor y hasta limitar las actividades que hacemos a diario. Y es que en redes sociales han enviado una serie de videos y mensajes sobre hechos violentos y además atemorizando a la población, tanto así que ayer hubo declaraciones desde Comunicación Social del Gobierno del Estado para pedir que sólo se haga caso de información de buena procedencia.

Es por esta razón que escribo sobre este trastorno, aunque no es bien comprendido es muy importante estar preparados para poder hacer intervenciones que ayuden a salir de esta situación de manera adecuada.

Ante la vivencia de  los hechos de violencia se genera un fuerte impacto  en la mente y en las emociones de quien los vive.

De acuerdo a la Organización de Naciones Unidas:“Se entenderán por víctimas las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas y mentales o sufrimiento emocional, pérdida financiera, o menoscabo sustancial de los derechos fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los estados miembros, incluido el abuso de poder. Se incluirá a los familiares o personas a su cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización”.

Podemos señalar tres tipos de victimización:

Victimización Primaria: la sufrida por la víctima a consecuencia de la originaria agresión o injusticia  criminal.

Victimización Secundaria: victimización añadida, subsecuente a la primaria, que padece la víctima normalmente al ser estigmatizada, culpada o rechazada en contacto con las instituciones. También la que reciben sus familiares más cercanos.

Victimización terciaria es aquella que se sufre de modo vicarial o indirecto (mediante imágenes televisivas o cuando se es testigo de una victimización violenta).

La agresión no sólo se ejerce contra la víctima, sino también contra su entorno; es decir, repercute en todas las personas relacionadas con ella. Por el impacto, la familia adquiere el carácter de víctima. Esto debe destacarse para no minimizar la resonancia de la violencia en el entorno familiar y social.

Es muy probable que las víctimas puedan sufrir del llamado trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una enfermedad real. Puede sufrir de TEPT luego de vivir o ver eventos traumáticos como la guerra, huracanes, violaciones, abusos físicos o un accidente grave. El trastorno de estrés postraumático hace que se sienta estresado y con temor luego de pasado el peligro. Afecta su vida y la de la gente que le rodea.

El trastorno de estrés postraumático puede causar problemas como:

•             Flashbacks o el sentimiento de que el evento está sucediendo nuevamente

•             Dificultad para dormir o pesadillas

•             Sentimiento de soledad

•             Explosiones de ira

•             Sentimientos de preocupación, culpa o tristeza.

Estos pueden venir acompañados de ansiedad, taquicardia, sudoración en manos, problemas de memoria, ataques de pánico e incluso sentimientos como la culpa o la impotencia al preguntarse: ‘¿Qué no hice?’, ‘¿Qué no hice?’, ‘¿Qué pude haber hecho?’ ‘Quiero ayudar y no puedo o no sé cómo’

Una vez que se identifican estas características en un individuo, lo mejor que se puede hacer es actuar lo más pronto posible.

El ‘ayuno de noticias’ se refiere a evitar ver, leer o escuchar contenido relacionado con el desastre natural o situación violenta, al menos durante cuatro horas diarias.

Es importante que el individuo se mantenga acompañado por personas con las que se sienta apoyado y en confianza: amigos, familiares, incluso mascotas. Lo ideal es que esto le permita expresarse y compartir sus experiencias, ideas y sentimientos. También resulta de ayuda escribir lo que tiene en mente.

Lo mejor será mantenerse hidratado y disminuir el consumo de carbohidratos y azúcares.

Los profesionales de la salud física y mental son quienes mejor pueden atender estos casos.

Ahora que estamos en riesgo hay que estar preparados para reconocer este tipo de carencia de salud y hacerlo de manera empática, no sirve sólo decir ya se te pasará, hay que buscar ayuda.

¡Por la Construcción de una Cultura de Paz!

 

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