Cuando se quiere reconocer a un país se presenta su bandera como símbolo distintivo, es por ello que la bandera mexicana tiene el significado de ser un símbolo patrio de suma importancia que permite identificar al país y a sus habitantes en cualquier parte del país o del mundo.
Conocer el significado de la bandera de México es un tema que debe interesarnos a todas y todos, ya que junto al escudo nacional y el himno nacional son los símbolos patrios de mayor importancia para el país que permiten identificarlo como una nación independiente ante el mundo.
Existen algunas personas que durante eventos cívicos no saludan a la bandera por sus creencias; y hay que saber que, en México, a nivel nacional, Derechos Humanos envío una recomendación a las representaciones de la Secretaría de Educación Pública a fin de que se ponga atención a este asunto con los testigos de Jehová (y es que, en mi tiempo, todas las personas deberíamos hacer saludo a la bandera todos los lunes, algo que muchos países como Japón, siguen haciendo incluso en algunas empresas). La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha establecido por contradicción de tesis jurisprudencial que los jóvenes testigos de Jehová tienen todo el derecho a ser respetados en este asunto, siempre y cuando guarden silencio y respeten las ceremonias cívicas.
Los colores de la bandera se originaron de la bandera del Ejército Trigarante o de las Tres Garantías en 1821. Originalmente el significado de los colores era: Verde Independencia; Blanco Religión y Rojo Unión. El significado fue cambiado debido a la secularización del país (es decir la separación del estado con la iglesia), liderada por el entonces presidente Benito Juárez cuando cambió el significado a: Verde: Esperanza; Blanco: Unidad y Rojo: Sangre de los héroes nacionales.
Hay que recordar que la bandera que usamos actualmente en México fue adoptada el 16 de septiembre de 1968 durante el mandato del presidente Díaz Ordaz, sin embargo, los colores que la componen son usados desde el año de 1821.
El escudo en la bandera está basado en una leyenda azteca que cuenta cómo su pueblo vagó por cientos de años (siempre ligados a la migración) en el territorio mexicano buscando la señal indicada por sus dioses para fundar la ciudad de Tenochtitlán (la actual Ciudad de México), donde vieron a un águila devorando a una serpiente.
Nuestro mundo ha cambiado drásticamente. Ya no vivimos en un mundo deshabitado, con relativamente pocos seres humanos con sus utensilios. Ahora vivimos en el que la actividad humana está alterando drásticamente sus sistemas ecológicos de subsistencia. Nuestros conceptos y modelos económicos tradicionales fueron desarrollados en un mundo «vacío». Si queremos crear una prosperidad sostenible, si buscamos «mejorar el bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica», vamos a necesitar una nueva visión de la economía y su relación con el resto del mundo, una visión que se adapte mejor a las nuevas condiciones a las que nos enfrentamos.
Vamos a necesitar una economía que respete los límites del planeta, que reanude la dependencia del bienestar humano con las relaciones sociales y la justicia, y que reconozca que el objetivo final es el bienestar humano real y sostenible, no solo el crecimiento del consumo material.
Traigo a colación este tema porque el 20 de febrero es la celebración del Día Mundial de la Justicia Social que busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos (as).
La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana.
Qué bonita mi bandera que ondea en un cielo luminoso en donde todos los seres humanos son tratados dignamente con justicia, ese es el sueño que vale la pena compartamos todas y todos los mexicanos, y así podamos sentirnos más orgullosos (as) de pertenecer a un país que construye paz positiva la cual sólo se da cuando se logra la justicia social.
¡Por la Construcción de una Cultura de Paz!