
Por: Analía Sicardi Segade y Alfredo Campos Mejía
Un símbolo del amor ampliamente utilizado es un corazón, es decir, una representación simplificada y fácil de dibujar de eso que late en nuestro pecho. En la naturaleza a este símbolo lo podemos reconocer en la forma de las hojas de la violeta y de otras plantas. A escala planetaria, Plutón parece tener delineado un enorme corazón sobre su superficie, y a dimensiones colosales lo encontramos en la Nebulosa del Corazón. Bellas casualidades que echan a volar nuestra imaginación.
Es posible formar un corazón sin dibujarlo, sólo utilizando luz y objetos cotidianos, te invitamos a hacerlo de dos maneras sencillas. Para ello necesitas: un libro, un anillo, una taza y la luz de un foco o de un dispositivo móvil.
La primera consiste en colocar un anillo de forma vertical al centro de las hojas de un libro abierto por la mitad. Si iluminas desde el ángulo adecuado lograrás que la sombra del anillo proyectada en las hojas de las dos mitades del libro se parezca a un corazón. La distorsión de un patrón de luz y de sombras que se hace incidir en la superficie de un objeto, se emplea en una técnica llamada proyección de franjas, gracias a la cual se puede recuperar su forma tridimensional, sin contacto alguno. El análisis de dichas distorsiones permite obtener una versión digital de la forma del objeto, para su estudio o para imprimir copias fieles del mismo a la escala deseada. Esto tiene aplicaciones importantes en la arqueología para hacer réplicas de esculturas, máscaras y diversas piezas de valor cultural; en la industria automotriz se puede usar para recuperar la forma de partes de vehículos; en la odontología y la medicina para digitalizar piezas dentales, monitorear estrías o arrugas en la piel, escaneo de prótesis, cambios en la postura corporal, etc.

La segunda manera consiste en colocar una taza de forma tal que la luz ilumine una parte de su fondo. La luz reflejada en la pared interna de la taza delineará un corazón. A esa silueta luminosa se le llama cáustica, y aparece en diversos lugares, como en los patrones de luz danzantes que vemos en el fondo del agua de una fuente o de una piscina. Las cáusticas se emplean, entre otras cosas, para mejorar la calidad de las imágenes que se observan mediante instrumentos ópticos tales como cámaras fotográficas, microscopios, telescopios y algunos instrumentos médicos; se usan también en iluminación, arquitectura y joyería; su aplicación en gráficos digitales permite la generación de efectos visuales realistas en videojuegos y películas animadas. La palabra cáustica viene del latín quemar, debido a que esa luz, al reflejarse (como en las paredes de la taza) o al cruzar un medio transparente (como el agua de la piscina) podría llegar a quemar algún objeto si se concentra lo suficiente en una región muy pequeña.

¿Y no se habla en lenguaje poético de un amor ardiente? Así como el amor se puede manifestar en formas y en lugares impensados, la luz y la sombra se pueden complementar para hacer surgir corazones en lugares inesperados.