La reciente propuesta, en el Congreso de Guanajuato, para prohibir el uso de celulares en las escuelas ha reavivado un debate que trasciende fronteras. Para esto, se deben tomar experiencias de otros estados y países, en los que se han establecido reglamentos específicos.
Mientras algunos ven en esta medida una oportunidad para mejorar la concentración y el rendimiento académico, otros la consideran una restricción excesiva que puede provocar incluso problemas como la ansiedad en niños y jóvenes.
Muchos recordamos ese video viral en el que aparece un menor que sale de un auto, se va hacia un precipicio mientras la madre va tras él; el adolescente amenaza en lanzarse mientras la mamá lo intenta detener, pero no lo logra.
Todo había sido, según se aclaró, porque la mamá le había quitado el celular y el muchacho lo exigía, al grado que recurrió a un acto irreflexivo, pero finalmente mortal.
Esta pretendida medida en nuestro estado se alinea con esfuerzos similares en otras partes de México, como en Querétaro, donde ya se implementó una prohibición con resultados positivos en la atención y convivencia estudiantil.
Se establecieron reglamentos afines en los que estuvieron de acuerdo tanto padres como maestros, esto en el nivel básico de la educación, no así en el nivel medio superior y superior, porque aquí ya es meterte con el sector de jóvenes y adultos que no aceptarían restricciones.
Francia fue pionera en 2018 al prohibir el uso de celulares en escuelas para estudiantes menores de 15 años, buscando reducir distracciones y fomentar la interacción social.
En Brasil, más del 60% de las escuelas públicas ya aplican la prohibición, extendida incluso durante los recreos, con el objetivo de fomentar la socialización y la activación física, al limitar el tiempo que los estudiantes dedican a las “drogas digitales”.
Francia es un ejemplo curioso, con su programa de la “desintoxicación digital”; prohibió el uso de celulares en las aulas, y también en patios, recreos y actividades extracurriculares. La medida busca una generación menos dependiente de las pantallas.
Recuerdo en este momento un reportaje sobre China, donde existen centros de rehabilitación para niños y jóvenes que se han hecho adictos a juegos y redes sociales; el internamiento es similar al que se tiene en México donde se “anexa”, a personas adictas a los psicotrópicos.
Se les restringe el uso de gadgets, especialmente el del celular o smartphone porque es el que pueden llevar a todas partes y en él tienen videojuegos y redes sociales.
Un punto de equilibrio es la reglamentación de horarios y espacios donde se puede o no permitir el uso del celular y otros dispositivos como las tablets, e incluso los relojes inteligentes.
El “parlamento abierto” que se propone en Guanajuato, que no es otra cosa que reuniones con todos los sectores involucrados, deben incluir la participación de los mismos alumnos en las decisiones, porque son ellos quienes conocen incluso todo lo que los adultos no sabemos de juegos y redes sociales.
Lo anterior, lo vimos claramente en la serie de Netflix, “Adolescencia”, donde se muestra que los muchachos han creado lenguajes, códigos y símbolos, que los padres y los maestros ni nos damos por enterados.
Hoy, el uso del celular y otros dispositivos, son una herramienta con la que se resuelven problemas, desde matemáticos, de información y de creatividad, con o sin la inteligencia artificial, que de otra forma se tardarían horas o días en lograrlo.
El smartphone es una herramienta que puede traer beneficios y maleficios, pero como en todo, lo importante es saber cómo usarlas en nuestro provecho; llegar al momento de saber cuándo son imprescindibles y cuándo prescindibles.