Desde hace más de tres décadas, León padece una sed que no sólo es de agua, sino de voluntad política para gestionarla.  Ahora, en medio de esfuerzos por traer agua a León, resurgen las sotanas del clero político que, bajo el velo de la moral, buscan conservar su poder terrenal.

Durante décadas, las ciudades del corredor industrial han esperado el milagro del agua. León, eje del desarrollo guanajuatense, necesita con urgencia el líquido vital para subsistir y desarrollarse. Por desgracia, dos actores fueron decisivos para prolongar esta sequía política: Vicente Fox y el cardenal Sandoval Íñiguez.

Fox, desde la Presidencia, prometió agua y un tren interurbano. No cumplió ninguna de las dos. Su gobierno fue un espejismo del cambio, una travesía en mares de saliva, nada hizo por León. El otro personaje, de infausta memoria, fue el cardenal Sandoval Íñiguez, feroz opositor de la presa El Zapotillo. Con discursos inflamados, agitó a los campesinos y pobladores con la retórica del fanatismo. “El Zapotillo significa sepultar a un pueblo, sus difuntitos y una iglesia con un santito muy milagroso”, dijo. Esto bastó para encender la mecha: los habitantes de Temacapulín, Acasico y Palmarejo se radicalizaron: “mejor muertos que inundados” y tomaron la cortina de la presa.

En aquellos días, el presidente Fox pudo haber sellado un pacto de conveniencia con el Cardenal y resolver el problema. En 2003, el purpurado aterrizó en helicóptero en San Cristóbal para implorarle al mandatario que interviniera ante la PGR, que lo investigaba por lavado de dinero, vínculos con el zar del juego José María Guardia y operaciones sospechosas en cuentas de sus hermanas. Pero política y religión se hermanaron en intercambios de favores y el tema no se trató.

Hoy, por fin, cuando gracias a la perseverancia y al entusiasmo de la gobernadora Libia Dennise se logra gestionar, junto con la presidenta Sheinbaum, el agua de la Presa Solís para el Corredor Industrial, reaparece el mismo fantasma: el clero político, otra vez, soliviantando a la gente.

El primero en emerger fue el “Padre Pistolas”, José Alfredo Gallegos. Desde el púlpito, con calificativos léperos, arremetió contra una dama, la Gobernadora de Guanajuato: “Les damos de tragar a todo pinche México, y si nos quitan la presa se van a morir de hambre, ¡cabrones! Esa pin… gobernadora quiere matarlos de hambre, pero yo le voy a partir su madre” Sí, leyó usted bien. Esa es la lengua viperina del cura. No es el “delirium tremens” de un beodo, sino la prédica insolente del “Padre Pistolas.”

A esta cruzada verbal se sumó el obispo Salvador Rangel, aquel que, según el Episcopado, había sido “secuestrado”; aunque finalmente, fue encontrado drogado en un hotel donde había ingresado con otro hombre.  En entrevista, espetó desconfiar de la Presidenta, “el agua del pueblo será entregada a las armadoras y campos de golf”. También, desde otra latitud, saltó a la palestra el obispo Raúl Vera, argumentando que el acueducto es símbolo de la “voracidad neoliberal” que subordina la vida al capital privado. Repentinamente, se convirtieron en opinadores, acuciosos expertos en agua y políticas públicas.

La realidad es otra: con la tecnificación de más de 110 mil hectáreas de siembra, mediante riego por goteo, se ahorrarán 110 millones de metros cúbicos de agua, de un embalse de más de mil millones de metros cúbicos: el ahorro es precisamente el volumen destinado a León y corredor industrial. Así, todos ganan. El agua de la Presa Solís alcanza para todos, lo que escasea es razón y sobra intromisión. 

¿Pero qué busca el clero político? Su agenda es clara: conservar influencia y recuperar un protagonismo que ha perdido, a raíz del estallido de penosos escándalos. No buscan gobernar, pero sí cooptar la conciencia de parroquianos desinformados, a través de miedos y culpas. Mientras tanto, en León, más de 300 mil personas viven sin agua potable, atrapadas entre la necesidad y la escasez. Pero los altos prelados no visitan esos asentamientos…

Finalmente, se iniciaron los trabajos del agua para León, que no puede ponerse en riesgo a causa de habladurías e intrigas del clero político. Mientras, los obispos de Guanajuato prefieren guardar silencio ante el protagonismo de sus locuaces   homólogos. ¿Y si ayudaran? Sus Diócesis y Arquidiócesis tienen sed.