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¡Qué gusto haber ido a la conferencia que dio en la Ibero León el Padre Jesuita José María Rodríguez Olaizola! ¡Qué hermosa espiritualidad con fundamentos, ejemplos claros  y razones! ¡Cuántas formas de llegar a la Esperanza! 

La conferencia se llamó:  “La Esperanza en tiempos turbulentos”,muy adecuada y necesaria en la época actual;  y me encantó ver tanta gente conocida en la búsqueda de esta esperanza.  Al llegar a la universidad, cuál sería mi sorpresa de ver que tenían en venta un montón de libros escritos por él, ¡no sabía que fuera un escritor tan prolífico! Temas tan hermosos como interesantes:  “Ignacio de Loyola, nunca solo”, “La alegría también de noche”, “Hoy es ahora: gente sólida para tiempos líquidos”, “Peregrinar por dentro y por fuera”, “Tú me salvas”, “Contemplaciones de papel”, “Cuando llegas (de sus poemas)”, “Me sedujiste”, “Bailar con la soledad”, “Bailar con el tiempo”, “Rezando vamos (para niños)”, “María, en contemplaciones de papel”, entre otros más.  Todos ellos de venta tanto en Buena Prensa como en Amazon y Mercado Libre. 

Yo sabía un poco de él porque tengo la aplicación Rezandovoy  de la que es creador y coordinador y que muchas veces trae algunos de sus bellos poemas y profundas oraciones.  Pero resulta que ¡es todo un personaje!, tiene 55, 000 seguidores en Facebook; 56,000 en Instagram; en Twitter/X 86,000;  50, 000 en YouTube… ¿impresionante, verdad?. 

Nació en 1970, en Oviedo, España; es un sacerdote jesuita, escritor, sociólogo, comunicador e impulsor de contenido digital.  Desde 2017 desempeña el cargo de secretario de Medios de Comunicación Social de la Compañía de Jesús en España y ha sido consejero delegado del Grupo de Comunicación Loyola.  

Volviendo un poco a la aplicación de Rezandovoy, consiste en una plataforma (web + app) que ofrece una oración diaria, que dura 15 minutos, en formato de audio: lectura del Evangelio del día, música, oración y meditación… él la describe como  “un espacio para una interioridad habitada, para volverse a Dios… para crecer en la oración”, con la intención de ofrecer una “escuela” de oración diaria que cada persona pueda hacer suya, desde el lugar donde esté, sin necesidad de ir a misa o desde tener una formación religiosa profunda.  Se basa en la convicción  de que “la Fe debe dialogar con la vida cotidiana”.   Yo la he usado ya varios años, se las recomiendo ampliamente y tiene la ventaja de, además, ser gratuita.  ¡Espiritualidad jesuita, práctica y a la mano cada día! 

En la conferencia a la que asistí me impactó su sencillez, así como su claridad para manejar sus conceptos. Nos habló de las “tribulaciones” que  están llenando nuestro mundo, nombró algunas que llegaron a deprimirme, pero lo que me llamó la atención fue que luego nos hizo reflexionar sobre cómo mezcló cosas muy graves con cosas superficiales y eso nos hace caer en una trampa de desilusión y fatalismo. Nos dijo que hay que aprender a discernir y separar;  que hay que aprender a “navegar inteligentemente” en las redes sociales, que han caído en una espiral de violencia que debemos parar… hay que seguir educando y viviendo para la Paz, así, con mayúscula. 

Solicitó que no grabaran la conferencia:  “hay que vivir el momento, estar presentes aquí” fue su petición… ¡qué bello!, ¿verdad? 

Nos comentó que para  lograr la Esperanza podemos seguir tres pasos:  

1.-  Soñar, hay que ser capaces de hacerlo y de seguir nuestros sueños, y hasta escribirlos en poesía, si podemos.  

2.- Ambicionar, buscar y querer más;  el “magis” de San Ignacio. Sin ambición no hay esperanza. 

3-. La Esperanza no defrauda, todos esperamos algo. 

Regresando a los sueños, es necesario distinguir entre ellos y las pesadillas. Los primeros tienen que ver con los anhelos, con la esperanza;  las segundas, con el miedo. Hay que soñar con el futuro, no quedarnos en el pasado;  tener un objetivo, una meta, un ideal.  El soñador tiene que tener valores y compartirlos con la comunidad.  Pero necesita la ambición para llevarlos a cabo, para hacerlos realidad. Hay que concretar los ideales y para eso se necesita compromiso, tiempo, dedicación, lealtad, memoria, esfuerzo. Hay que comprometerse con alguien y algo en específico:  esposo, hijos, nietos, salud, alguna causa, algo que te apasione  y que sirva para un mayor bien.  Pero el compromiso implica renuncia, si escoges algo renuncias a otra cosa… ahora se quiere todo, pero esto no es posible:  quieres dar la vida, sin perderla;  quiero ser amado sin sufrir, etc. 

¿Cuáles son los enemigos de la Esperanza?  La mediocridad (quedarte por debajo de tus capacidades);  los “sueños de mierda” (cuando soñamos muy abajo, resignados a no dar lo mejor ni lo más que podemos);  la comparación (da lo que tú puedas sin estar viendo a los demás);  la inmediatez (querer todo aquí y ahora, los sueños cristianos son a largo plazo).  La Esperanza es una actitud para toda la vida;  hay que dejar abierta la puerta y no cerrarla nunca;  no todo se hunde;  hay que dejar actuar al Espíritu Santo.  Sin olvidar las tres promesas de Dios:  a). Amor:  somos profundamente amados por Él;  b) Confianza:  aún en las sombras, siempre habrá una luz; no dejar que el miedo nos paralice;  c) Paciencia:  hay un futuro que llegará. 

¿Qué podemos esperar?  

*La Paz, a pesar de la violencia y la cultura de guerra que estamos viviendo, hay que llevar la Paz con nosotros. 

*La Vida, en todas sus manifestaciones, desde su concepción, hasta el migrante, el encarcelado, el enfermo;  defender al anciano, a los pobres, a los niños… que la Iglesia (y nosotros) sea un lugar de acogida para tod@s. 

 “Creer a lo grande, aspirar al todo”… hacernos la pregunta:  ¿Qué puedo dar hoy yo al mundo? Podemos ser la Martha furiosa o la María oyente;  podemos ser el joven rico que se va entristecido o el joven que comparte los 5 peces… 

¿Qué interesante y profundo, verdad, querid@ lector@?.  

Terminó dándonos las gracias por nuestra atenta escucha, tomándose selfies y firmando sus libros… pero con una dedicatoria especial para cada uno que nos acercamos… realmente un ser humano muy especial y bendecido, que nos impulsa a buscar ser luz de esperanza en estos tiempos de turbulencia. 

P. D.  Ayer participé en la 9a Carrera de Inclúyeme contigo, ¡sigue siendo una experiencia maravillosa y enriquecedora!  Ver tanta gente queriendo apadrinar a alguien con discapacidad para recorrer juntos este camino de vida, es hermoso.  Ahora me tocó acompañar a Jessica, una adolescente sin audición… difícil la comunicación verbal, pero no la del corazón.

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