AUN LOS EXPERTOS que dedican la vida entera a un campo concreto siguen sin “saberlo todo” de él. ¡Imagínense los improvisados! Por eso conviene hacerse la pregunta: con qué lógica se le encarga a una dependencia experta en operar barcos, como la Secretaría de Marina, construir y operar… ¡trenes!
ESE ES un punto de partida para reflexionar sobre la lamentable tragedia ocurrida en la Línea Z del Tren Interoceánico. Algo que puede calificarse como un accidente, pero que también es cierto que detrás de esto hay graves advertencias y denuncias que apuntan a improvisación, negligencia y, posiblemente, corrupción.
LA IMPROVISACIÓN está en la concepción misma del proyecto: surgió de la iniciativa de AMLO por revivir los ferrocarriles, sin contar con plan maestro, con estudios de terrenos, ni mucho menos de viabilidad. Como muchas obras en su sexenio, fue más producto de la voluntad presidencial que de una planeación profesional.
POR EJEMPLO, para echar a andar justamente la Línea Z, el gobierno de AMLO recicló dos ferrocarriles que estaban arrumbados en Puebla. Son los que compró el entonces gobernador Rafael Moreno Valle para la fracasada corrida entre la capital poblana y Cholula.
LA NEGLIGENCIA se constata en que la vía del tren se hizo con parches en uno y otro lado, adaptando en tramos la vía de carga a la de pasajeros y viceversa. Lo que importaba era entregar el tren como lo pidió el Presidente, no si funcionaba realmente.
Y LA CORRUPCIÓN asoma, por ejemplo, en que la empresa constructora Grupo Ferrocarrilero del Sureste fue señalada porque el balasto que utilizó en la rehabilitación de las vías era defectuoso. Inclusive se reveló que había mezclado piedra de buena calidad con otra inferior, para poder pasar las pruebas técnicas. El riesgo, se advirtió entonces, era el de un descarrilamiento… como el que ayer mató a 13 personas y dejó una centena de heridos.
LO QUE EN SU MOMENTO causó sorpresa también fue cuando el propio AMLO dijo que su hijo Gonzalo López Beltrán había fungido como asesor en la obra del Tren Interoceánico y que le había encomendado vigilar las tareas junto con la Marina. Incluso comparó su labor con la del empresario Daniel Chávez, a quien le habría encomendado vigilar la construcción del Tren Maya en el sureste.
NO ES ESTO un detalle menor o una anécdota. Fue un asunto abordado entonces con toda seriedad por el Presidente.
LAS INDAGATORIAS sobre el accidente ferroviario que han sido encomendadas a la Fiscalía General de la República, encabezada por Ernestina Godoy, no deberán demorar demasiado.
OBVIAMENTE tendrán que incidir en orígenes de contratación, construcción, materiales y licitaciones. Sin duda tendrán que responder cuestionamientos altos oficiales de la Marina y proveedores.
ES UNA PRUEBA de fuego para Godoy donde se espera realmente esclarecimiento y fincamiento de responsabilidades.