Si nos asomamos a lo que viene este año, notamos una agenda llena y muy cargada de pendientes. En México tenemos la reforma electoral, la renegociación del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, y la continuación de la lucha contra la violencia y la inseguridad. Por fortuna, Donald Trump pierde fuerza política y su errático año lo ubica en su peor nivel de popularidad, con apenas un 36% de aprobación, frente a un 60% de desaprobación. Un dato que no se había registrado para un presidente en su primer año desde 1953, según una encuesta de Gallup.
Los vecinos no están contentos porque las tarifas trajeron desconcierto e inflación a las familias norteamericanas, a los pequeños negocios y a los fabricantes, que sufrieron la ruptura de las cadenas de suministro. La presión para negociar con México y Canadá es mayor que cuando Trump inició su mandato. El pronóstico: habrá negociación y México seguirá siendo el primer proveedor externo de EE.UU. Queda claro que el TLC y, luego, el T-MEC son una fortaleza para Norteamérica.
El otro gran tema para México es el destino de Venezuela y, en consecuencia, de Cuba. Nicolás Maduro, el amigo de Andrés Manuel López Obrador y reconocido como líder sudamericano por la 4T, saldrá pronto de su país, por la buena o por la mala. Las apuestas lo ubican fuera antes de que termine el año porque vienen elecciones en Estados Unidos. Para Trump y los republicanos sería un logro terminar con las dictaduras de Venezuela y Cuba.
El gobierno mexicano se equivocó al enviar petróleo a Cuba por 3 mil millones de dólares; se equivocó al guardar silencio sobre el Premio Nobel de la Paz otorgado a María Corina Machado. Al parecer, Pemex dejó de enviar combustible (dinero) a Cuba, primero porque jamás nos lo van a pagar y, segundo, porque el país no tiene remedio. Entre más se apoye a la dictadura, más será la agonía de ese pueblo que sufre lo indecible: apagones de hasta varios días, falta de alimentos, combustibles y, sobre todo, falta de libertad. Más vale que caiga pronto el régimen comunista.
Para nosotros era un sinsentido perder cientos de miles de millones de pesos en Pemex y, además, mantener a Cuba. Como se dice, era perder-perder. Salvo que China quisiera rescatar a Cuba —cosa que dudamos—, el 2026 deberá ser el año de la liberación para la isla.
Los errores comerciales de Trump y los archivos de Epstein lo tienen en la lona; pero también los asesinatos de su Departamento de Guerra contra balseros indefensos y la desastrosa presión sobre los migrantes. Se dan cuenta de que sin la participación de los migrantes en la construcción del futuro, Estados Unidos nunca volverá a ser tan “grande como antes”.
Claudia Sheinbaum decidirá, ni siquiera el Peje: todo depende de si opta por un pragmatismo estratégico o regresa a su pasado ideologizado. El ejemplo del petróleo entregado a Cuba ilustra el proceso de decisión: México manda energía a Cuba, no por humanismo; si así fuera, habríamos enviado más ayuda humanitaria a Haití, el país más pobre. Esa fue la decisión izquierdista, por así llamarla; el haber suspendido los envíos fue una decisión pragmática y estratégica que permitió negociar mejor con Estados Unidos. Si Cuba no tiene remedio, ¿para qué quemar dinero en una cárcel? Vendrán más pronósticos.