Con la intención de cumplir un viejo proyecto familiar consistente en conocer todas las islas de la Gran Bretaña, nos embarcamos deslumbrados por la futura experiencia, y no pusimos mucha atención en la línea naviera, ni mucho menos en el tipo de servicio ni en el perfil de los pasajeros que transporta esta empresa.

No paso mucho tiempo para conocer a nuestros compañeros de viaje, más de 2 mil almas, sin temor a equivocarme, el 80 % de ellas tenía más de 80 años, y casi todas viajaban en pareja, reflejando conmovedoras imágenes que acumulaban muchísimos años de matrimonio.

De la convivencia diaria con todos ellos, hemos aprendido lecciones de vida que solo las pueden enseñar quienes ya han vivido casi todo, generando profundas reflexiones sobre la manera en quienes todavía dejamos que la vida se nos escurra sin haberla disfrutado.

Entre tantas personas, no se llega a conocer la historia de cada una, pero con las que tuvimos suerte de coincidir en los comedores o salas sociales, quedamos impresionados por sus ganas de vivir a pesar de haber tenido momentos difíciles en sus años de juventud. Como la historia de Harry y su esposa Valerie, quienes soportaron el sufrimiento de la guerra, cuando él, a sus 20 años y estando casado, fue enviado a Vietnam y fue herido en el frente de batalla. Hoy, con muchas limitaciones en su movilidad, ambos se la pasan haciendo viajes transatlánticos ya que, de sus seis hijos, tres viven en Europa y tres viven en Estados Unidos.

Una gran cualidad que observamos en casi todos los pasajeros es su enorme respeto por la puntualidad, quizá porque la mayoría de ellos ya conoce bien el valor del tiempo y lo preciado que es administrarlo adecuadamente, ellos seguramente están muy conscientes que, a esa edad, cada minuto perdido es un momento no vivido, y un desperdicio de la oportunidad que todos tenemos para disfrutar la vida.

Otra agradable sorpresa fue encontrarnos a diario un gimnasio lleno de adultos mayores con una actitud que uno se imaginaría estaría en personas jóvenes. Ejercitarse a un lado de una persona mucho mayor, solo puede dejar la enseñanza y el ejemplo de que en la vida hay que ser disciplinado y cuidarse a sí mismo, pues solo así podremos llegar a enfrentar la etapa final gozando de la salud física y mental que nos permita despedirnos dignamente.

Pero sin duda lo más motivante fue verlos a todos ellos, quienes a pesar de sus muchas limitaciones y el uso de apoyos como bastones, andaderas, sillas de ruedas, carritos eléctricos y hasta oxígeno, siempre encontraban una oportunidad para divertirse y distraerse, ya fuera bailando, jugando juegos de mesa, ejercitándose, saliendo a excursiones, o valorando del entretenimiento que se les ofrecía, es decir gozando la vida sin prejuicios ni mucho menos quejándose de su edad.

Para muchos de nosotros que todavía vivimos la vida con prisas y presiones por la simple ambición de ser más o de tener más, esta experiencia representa una gran motivación para que despertemos y reflexionemos sobre lo que queremos para nuestra vejez, y lo que esperamos si seguimos los modelos y la experiencia de quienes ya han transitado por todos los caminos de la vida.

Cada momento en nuestra existencia debe ser el mejor, pero siempre aplicando una visión de futuro, mis compañeros de viaje ya no son productivos en lo económico, pero sin lugar a duda son fuente de aprendizaje y ejemplo ante las adversidades o el miedo que tenemos a envejecer. Mi tributo y agradecimiento para todos ellos. Feliz año nuevo a todos mis lectores y también a mis detractores.

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