Arranca un nuevo debate sobre la reglamentación de los derechos de “las audiencias”. ¿Quiénes son las audiencias? Suponemos que todo ciudadano ve, escucha o lee información. Según la promesa de la presidenta Claudia Sheinbaum, la norma ayudará a que cualquier ciudadano se inconforme ante información que le perjudique. Será enorme la discusión sobre el tema y, según la práctica, será imposible legislar o ejecutar judicialmente.
Los medios pararon oreja porque ven, escuchan y leen un trasfondo de control. En la explosión de información a la que tenemos acceso sobre una infinidad de temas, el que más le importa al gobierno es el de política. Pero no se agota ahí. Salgamos de ese ámbito para ver la locura que representaría para el gobierno limitar los contenidos de todo tipo a pedido de un ciudadano agraviado en X, Instagram, Facebook o TikTok, por ejemplo.
Un señor crédulo de todo lo que ve en Youtube puede reclamar que los promotores de la fórmula mágica para atraer pareja no le funcionaron o que las recomendaciones para bajar 20 kilos en 60 días fueron un engaño. ¿Cómo proteger a las audiencias de curanderos espirituales, de robots que suplantan identidades, de predicadores adinerados? ¿Qué hacer para contener miles de ofrecimientos falsos e incluso peligrosos para la salud? ¿Qué hacer si provienen de otros países?
En las asociaciones de medios, siempre hemos concluido que la mejor defensa de las audiencias es la pluralidad y la libertad. Si no me gusta un canal o un programa de radio, si prefiero un podcast a otro o a un medio impreso por su credibilidad frente a otro que no sea confiable, puedo elegir. El simple gusto de tener en la mano el control de la TV y poder decidir entre millones de contenidos amplía nuestras libertades como nunca antes en la historia de la humanidad.
Entendemos que incluso hay un gran libertinaje en el uso de las redes sociales, donde no hay filtros ni editores que puedan censurar, aclarar o advertir peligros. En los comentarios de los lectores sobre contenidos de redes sociales y periódicos hay insultos repetidos y bajos. Hay editores que lo permiten; en particular, estoy en contra de ello. Admiro mucho la lucha opositora de Carlos Alazraki en Atypical TV, su valor para hablar con claridad, para resistir y dar voz a la oposición llamada “la resistencia”, pero me parece de mal gusto el lenguaje soez que utiliza contra la presidenta Sheinbaum, por ejemplo. El norte de la buena conducta y la reflexión crítica siempre vendrá de periódicos de la altura del The New York Times. Es el mejor faro ético del periodismo.
También es sano tener a un empresario como Ricardo Salinas Pliego, quien expresa sus puntos de vista en X con absoluta libertad, pero no es necesario usar epítetos denigrantes contra funcionarios públicos. Nos puede parecer divertido, pero en el fondo alberga odio, muy parecido al que le tienen en Palacio. Muy sano que sus televisoras se hayan convertido en la primera red abierta crítica de la 4T, como sucede en todas las democracias donde hay posturas distintas frente al poder.
En la comedia será imposible querer gobernar con criterio de control. Brozo y Chumel Torres son extraordinarios ejemplos de crítica mordaz, donde la insolencia forma parte sustancial de sus contenidos. Es un tema que da para mucho más. Lo seguiremos.