El gobierno ha utilizado en varias ocasiones la expresión de nado sincronizado para acusar a sus críticos y opositores de ponerse de acuerdo en todos los medios para denostar simultáneamente tal o cual decisión oficial. Pero la 4T no canta mal las rancheras en la materia.
Sabemos todos que uno de los grandes fracasos de la democracia mexicana que se comenzó a construir en la segunda mitad de la década de los años noventa fue la falta de aggiornamento de los medios. Sí se volvieron más críticos, sobre todo las columnas de opinión, aunque no era tan novedoso el cambio. Pero los periódicos, los noticieros de televisión de gran audiencia y en menor medida las emisiones noticiosas en la radio siguieron caracterizándose por sus magros recursos, falta de profesionalismo, venalidad y sumisión ante los sucesivos gobiernos. Seguimos en las mismas, o incluso peor: López Obrador y Sheinbaum han desterrado, directamente o tácitamente a decenas de editorialistas, comentaristas en radio y participantes en programas de televisión de análisis de escaso público (salvo aquel donde participaba yo y del que fui corrido, pero era visto por multitudes en Asia, África y Medio Oriente).
Esta semana fue buena para atestiguar el nado sincronizado. Como se sabe, el martes la presidenta Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con Trump que duró 15 minutos, y de la cual sólo conocemos la versión mexicana. La Casa Blanca no dio readout. La vice vocera presidencial Anna Kelly se limitó a declarar lo siguiente: “Trump tuvo una “great” plática con la presidenta Sheinbaum.
El objetivo principal del presidente es detener la plaga de narcoterrorismo que está destruyendo a muchas comunidades en todo el país, y está dispuesto a utilizar cualquier herramienta a su disposición para salvar vidas americanas”. Si eso significa descartar una intervención, no quisiera ni pensar cómo sería confirmarla.
Tanto The New York Times como The Wall Street Journal publicaron estos últimos días largos artículos, basados en filtraciones de altos funcionarios mexicanos, sobre la reacción real del gobierno ante la captura de Maduro en Venezuela. Colaboradores de García Harfuch —o él mismo—, Roberto Velasco de la SRE, y otros que trabajan en Palacio —ninguno citado por nombre, pero es evidente quiénes son— confiaron a los corresponsales que no cundió el nerviosismo, sino el pánico en el gobierno. Pero el dilema sí se puede fácilmente describir. Si Washington pide la cabeza de un narcopolítico, o si recurre al lanzamiento de misiles contra instalaciones del narco —laboratorios, transporte, bodegas, etc.— o, sobre todo, si “extrae” a un gobernador, exgobernador o ex secretario de estado, todo ello de manera unilateral, ¿cómo puede reaccionar el gobierno? Envolverse en la bandera entraña riesgos inmensos con Washington en otros ámbitos —comercio, frontera. Permanecer callado entraña riesgos inmensos con Palenque y las hordas cuatroteras. Seguir el modelo nigeriano, de engañar a todos afirmando que se trató de una operación conjunta, entraña riesgos inmensos de ser ventaneados por Trump, que únicamente busca las medidas unilaterales que encienden a su base MAGA.
Ambos diarios concluyen que se ha reducido el margen de maniobra de Sheinbaum, atrapada entre la espada de Trump y la pared de López Obrador. Aunque la relación entre los servicios de seguridad de los dos países sigue siendo robusta, los mexicanos temen que las bases trumpistas se deleiten con golpes espectaculares como el de Caracas, y que Trump sucumba ante la tentación de “hacer algo con México”. Eso le dicen los colaboradores de Sheinbaum, obviamente con su autorización, y de manera anónima, a los periodistas extranjeros. A los mexicanos, atole con el dedo.
* Excanciller de México