Un hombre de negocios que se hace inmensamente rico puede hacer muchas otras cosas, a partir de ahí. Pero no es común que se ponga a escribir un libro, y menos aún que el libro pase a la historia del pensamiento económico.

Tal es el caso de Richard Cantillon y su Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general. Nació en Irlanda, entre 1680 y 1690. Se ha dicho que su apellido es de origen español, pero es de origen normando. Fue vástago de una familia terrateniente venida a menos. Emigró a París, donde se hizo multimillonario en el mundo financiero, bancario y bursátil. Escribió su libro en francés (que era la lengua de las elites europeas) en 1730, y empezó a circular copiado a mano, antes de su publicación en 1755. (Antoin E. Murphy, Richard Cantillon. Entrepreneur and economist, Oxford University Press, 1986).

No hay duda de que el 17 de mayo de 1734 estaba en su mansión de Londres, cuando un incendio arrasó con todo. El desenlace ha tenido muchas interpretaciones: Que el incendio y su muerte fueron accidentales. Que lo mató un cocinero despedido, que provocó el incendio para ocultar su crimen. Que no murió, sino que organizó todo para escapar de sus enemigos. Y, quizá lo más probable: que fue asesinado por encargo de quienes litigaban contra él y perdieron el juicio. (A. E. Murphy.)

Su libro resultó muy influyente por su brevedad (200 páginas), claridad y análisis completo y coherente de toda la economía. Fue precursor y modelo de La riqueza de las naciones (1776), donde Adam Smith (que cita a pocos) le dedica una página del capítulo III. La Wikipedia tiene páginas Richard Cantillon en 27 idiomas.

El Fondo de Cultura Económica, en su colección “Obras maestras de la economía”, publicó en 1950 la primera edición en español del Ensayo, con una buena traducción y presentación de Manuel Sánchez Sarto y un tiraje (alto para entonces) de 3,000 ejemplares. Pero lo abandonó. Ahora hay que importarlo, en español, inglés o francés. 

Una singularidad de Cantillon es la importancia que da a los empresarios: Son los protagonistas del desarrollo económico. Combinan factores de producción (tierra, capital, trabajo) y los hacen producir más de lo que cuestan; si las cosas salen bien. Pero pueden salir mal, y ese riesgo justifica sus ganancias. (1ª parte, capítulos XII y XIII.)

Más adelante (2ª parte, capítulo IX), pone como ejemplo: 

“Pero si un aguador de París se convierte en empresario de su propio trabajo, todo el capital que necesita será el precio de dos cubas, que podrá comprar con una onza de plata, más allá de cuya inversión todo lo demás se convertirá en beneficio. Si gana con su trabajo 50 onzas de plata al año, la suma de su capital, o del préstamo que ha tomado, en relación con la de su ganancia será como de uno a 50. Es decir, ganará 5,000 %.” (F.C.E., trad. M.S.S.)

Primera observación: Es capaz de admirar las iniciativas empresariales de los pobres.

Donde los economistas del siglo xx vieron “desempleo disfrazado”, Cantillon ve a un “empresario de su propio trabajo”. No sólo eso: Ve el extraordinario potencial productivo de las microinversiones, los microcréditos y las microempresas, aunque no usa esas palabras.

Pasaron siglos, antes de que la banca reconociera ese potencial. Mohammad Yunus (Banker to the poor) recuerda las carcajadas del banquero al que trató de convencer de esa oportunidad. Para demostrarla, tuvo que pasar de economista a empresario: crear su propio banco en 1976, el Grameen Bank, donde hoy trabajan miles de personas. Su ejemplo ha inspirado muchas iniciativas semejantes en todo el mundo, y recibió la consagración del Nobel de la Paz 2006.

En México, afortunadamente, algunos estudiantes de la Ibero que hacían voluntariado en obras sociales descubrieron que todas eran deficitarias, excepto una cooperativa de crédito, llamada Compartamos. Cuando vio sus números, Alberto Harp Helú les ayudó a transformarla en Sofol y aportó capital, que rápidamente multiplicó los microcréditos. Finalmente, se transformó en Compartamos Banco, S.A., Institución de Banca Múltiple, cotizada en la Bolsa y con 3 millones de microempresarios atendidos. (Wikipedia y “Una corazonada lo convirtió en banquero”, Milenio, 27 de octubre de 2022.)

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