​Yo llegué a nuestro querido León, Guanajuato, de 13 años, en 1976, justo cuando estaban celebrando los 400 años de su fundación.

​Nos venimos del aquel entonces, Distrito Federal (hoy, Ciudad de México) porque mis papás querían mayor calidad de vida, más convivencia familiar; para aquellas fechas, ya en el D.F. mi papá no alcanzaba a regresar a comer con nosotros; así que buscaron una opción en provincia.  Oaxaca y León, fueron las sugerencias y se decidieron por la segunda cuando el entonces Rector de la Universidad la UBAC (ahora La Salle), Manuel Álvarez Campos, le ofreció a mi padre quien era arquitecto, que fundara la carrera de Diseño y que le ayudara a continuar la construcción de la universidad.

​Así que aquí llegamos.  Me acuerdo que nos quedamos a dormir, los primeros días, en el afamado Hotel León… también que al día siguiente, había un mitin o algo de agricultores, porque había mucha gente de campo, con sombrero y todo llenando la Plaza Principal.  ¡Yo, citadina nunca había visto tanto campesinos juntos!

​Nos matricularon, a mi hermana Ana y a mí, al Colegio Miraflores (que en aquellas épocas, de broma, le decían “Mira-huizaches”, porque todo alrededor era despoblado y solo se veía el Cerro Gordo con sus mezquites y huizaches, aunque, eso sí, coronado ya con su templo).  Ahí pertenecí a la segunda generación de la escuela con un grupo de amigas muy lindas y muy unidas, que todavía se siguen reuniendo y viajando juntas. Tuve que tomar clases particulares de inglés con la Sra. Irene Farriols, porque estaba muy atrasada en esta materia ya que mi escuela, el Félix de Jesús Rougier, no era bilingüe.  

​En secundaria me cambiaron al Instituto Jassá, allí conocí a mis mejores amigas y fue la escuela que me dio raíces en León.  La calle San Sebastián se acababa donde termina el colegio, todo lo demás eran baldíos que poco a poco, se fueron llenando de casas.  Para llegar había que cruzar “el vado”, que era un puente provisional que ponían para dar al entonces Estadio de La Martinica, y que con cada crecida del río de los Gómez, por lluvia, se venía abajo y había que reconstruirlo. La ciudad terminaba donde es la Feria, pasando el Estadio León y el Forum Cultural y que antes era el Instituto Lux… ¡de ahí para adelante eran casas de campo y empezaba la carretera a México!  Para llegar al aeropuerto, había que tomar carretera, y era un buen paseo de domingo, ir a ver despegar o aterrizar los aviones.

​Nosotros vivíamos en Villa del Moral, cerquita de donde ahora es el conjunto de hospitales de Médica Campestre.  También ahí se acababa la ciudad y el famoso Eje, una de nuestras avenidas principales, junto con la Miguel Alemán. Ya existía el Club Campestre con solo 9 hoyos de golf y su primera Casa Club.  De hospitales particulares, solo existían el Aranda de la Parra, el Sanatorio Chávez y la moderna torre del Centro Médico; públicos, la conocida T1… si te picaba un alacrán, ibas a la Cruz Roja de la 20 de Enero. Si necesitabas algo, solo yendo al centro lo conseguías, porque allí estaban las papelerías como La Mariposa, el Patrocinio de María y El Escritorio; la ropa, los zapatos, las telas, las cosas de mercería y hasta el mandado en el mercado de la Soledad. Era lindo ir al centro (que luego hicieron peatonal) para comer en el Hotel León, comprar una paleta Popis o una cebadina o tomar una malteada en la fuente de sodas del Woolworth, mientras l@s muchach@s daban la vuelta… ya luego iríamos a la Danesa 33 en la colonia Andrade o al Aloha, en el conjunto Estrella. Los cines eran enooormes, y daban 2 películas seguidas por el mismo boleto y hasta matinés, donde iban los chavos a echarse la pinta y los zapateros también; eran el Estrella, el Insurgentes, el Américas, el Reforma, el Buñuel (para adultos), luego vendría el Galerías y los Gemelos, pequeños por fin. Para divertirse los fines de semana estaban las “discos” (ahora “antros”) como Mr. Green, Horses, El jardín de las Aves… aunque también se organizaban las “fiestas de los viernes” en diferentes casas para sacar fondos para las graduaciones de prepa.  

​La preparatoria la hice en el Instituto Lux (que luego venderían para hacer el Forum Cultural) porque el Jassá no tenía, y a pesar de que mis hermanos estaban en La Salle. Por cierto, con ellos había un pique deportivo tan fuerte que se inventaban canciones para bromearse. Justo en aquella época, hablamos de 1978, se vinieron otras universidades, ya que los empresarios vieron la importancia de invertir en ellas, y así llegó la Ibero, que iniciaría en donde hoy es el Hottson y el Tec de Monterrey que estaba en Fátima.  

​La Feria era tierra apisonada para el área de juegos, los locales de comida con Doña Petra, y ya luego vendrían Huarachín y Huarachón; solo tenía un local para las artesanías y zapatos; y su Palenque era tan pequeño que solo tenía sillas, literalmente, y gradas, aunque veías al artista cerquitita. Y manejaban dos funciones de peleas de gallos, una a mediodía y otra, como ahora, en las noches.

​Existían dos centros comerciales, el conjunto Estrella, frente a lo que hoy es el Hottson y el Insurgentes, que estrenaría las Nuevas Fábricas de Francia, las dos con su respectiva Comercial Mexicana.

​Ese fue el León que yo conocí hace 50 años, y me da MUCHO orgullo, ver en lo que se ha convertido: una enorme ciudad, llena de escuelas, universidades, avenidas, hospitales, edificios, museos y cines, todos de buena calidad… llena de gente buena y trabajadora, que hace cada día, que nuestro lema (porque yo ya me siento leonesa de todo corazón), sea una realidad: “El trabajo todo lo vence”.

RAA

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