En las elecciones municipales de 2012, después de muchos años, se dio una alternancia en el gobierno León; pasamos del PAN a la coalición PRI-Verde. Para que esto sucediera, se alinearon varios factores que en su conjunto detonaron un cambio en las preferencias electorales que habían prevalecido por muchos trienios en nuestra ciudad.

Concretamente fueron cuatro los factores que influyeron para el cambio de partido:

Primero: La elección de una buena candidata de la oposición, quien logró captar muchas simpatías ciudadanas y también capitalizó el hartazgo del electorado hacia el PAN.

Segundo: El PAN, que gobernaba, propuso a un candidato que no logró conectar con la sociedad, y a quien se le identificó como un contendiente que representaba más de lo mismo, y que lejos de generar empatía con los votantes, su campaña fue generando más bien rechazos.

Tercero: A nivel federal, se generó el llamado efecto “Peña Nieto”, quien al mismo tiempo competía por la Presidencia de la República y que tenía, en ese entonces, una amplia aceptación en la mayoría de los estados de México. Ese efecto empujó a todas las elecciones locales que se llevaron a cabo simultáneamente.

Cuarto: En esa elección, el presidente municipal panista de León, Ricardo Sheffield, no tenía una buena relación ni con su partido ni mucho menos con el candidato del PAN, Miguel Ángel Salim. Recordemos que la estructura territorial conformada por comités de colonos siempre es influenciada por el Gobierno Municipal; estructura que puede impulsar o detener candidatos; la leyenda de los brazos cruzados.

Hoy empezamos a ver que ese escenario se puede repetir en 2027, pues de esos factores que se dieron en 2012, podríamos decir que tres ya empiezan a alinearse.

Uno: ya existen por lo menos cuatro panistas que viven y dependen de la política, que no han negado que les gustaría ser alcalde de León: el diputado local Jorge Espadas, el diputado federal Alan Márquez, su hermano Aldo, dirigente estatal del PAN; y por último el Lic. Allan León, quien se desempeña en la burocracia municipal.

Pero, al igual que en 2012, ninguno de ellos tiene las simpatías populares ni sociales, ni mucho menos representan el tan cacareado relanzamiento del PAN, ni su apertura a la sociedad, los cuatro más bien pertenecen al panismo de cuates y compromisos. A ellos les gustaría ser alcalde de León, pero hay miles de ciudadanos a los que no les gustaría.

Dos: si bien es cierto que en 2027 no confluyen elecciones federales, lo que sí vamos a tener es un “efecto dádivas” más fuerte, que cada vez genera una mayor cascada de votos corporativos para Morena, que sin duda fortalecerán a los candidatos de ese partido.

Tres: hoy existe un distanciamiento de la alcaldesa Alejandra Gutiérrez con el PAN, que está más cerca de un rompimiento que de una reconciliación, lo que pareciera que no sucederá solo si ella impone a su candidato Allan León, algo que difícilmente será aceptado por la cúpula panista estatal, por lo que el escenario de brazos cruzados está latente.

Bajo esta lógica ya solo falta que se alinee el cuarto factor, el que la oposición proponga un buen candidato que viniera a completar los ingredientes para que detonara nuevamente una alternancia, pero ahora con terribles consecuencias pues podría llegar Morena con su estela de destrucción, corrupción y retroceso. Afortunadamente el interior de Morena es un desastre y se destruyen solos, pero no se puede estar a expensas de que el adversario cometa errores.

La única salida para el PAN es proponer un candidato ciudadano bien visto por la sociedad, que no represente la podredumbre actual y que regrese al partido a sus principios básicos, como ya lo han hecho antes.

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