¡Qué increíble festejo organizaron para las generaciones desde los Fundadores hasta la de 1999! ¡De verdad, fue como un recreo grandote! ¡Increíble!
Desde el simple hecho de llegar al tercer Instituto Lux (porque el primero estuvo en la 5 de Mayo, el segundo en la prolongación de la Calzada de los Héroes y este, en el Blv. Jorge Vértiz Campero, por cierto, un jesuita). Esto es sentirte ya parte de la historia de nuestra ciudad y de su sociedad, parte de su transformación y modernización.
La organización de Rosi González del Castillo y Hugo Díaz realmente fue admirable y desde aquí va nuestro GRAN agradecimiento por su enorme esfuerzo y dedicación. De entrada, te recibía la vigilancia de nuestro Instituto, siempre amable y servicial y luego, un elegante Valet Parking.
Empezamos con una Misa hermosa, llena de significados… bueno, el solo hecho de que se concelebrara entre siete sacerdotes, fue maravilloso. El Padre Amado, me encanta: simpatía, sencillez y sabiduría mezcladas en una sola persona, presentó a todos los demás… ya grandes, nuestros queridos Padres… pero todavía leyendo sin lentes, con su característica humildad, bromeando, compartiendo su erudición y ¡hasta tomando fotos y selfies de sus celulares desde el altar! El más aplaudido fue Miguel Buck.
El evangelio muy significativamente, fue el del Hijo Pródigo. La homilía consistió en una ligera reseña de algunos de los Padres, los Maestros, los Hermanos y la gente de intendencia que marcaron nuestras vidas, ahí. Las acciones de gracias, agradeciendo tantos dones recibidos… las ofrendas, siempre la Luz de nuestro querido Lux. La consagración a nuestra Madre Santísima de la Luz, que fue la Virgen que trajeron los Jesuitas a León allá por el año de 1732. La música de Alex Uranga, creo que a todos nos hizo recordar algún momento especial vivido en el colegio. Ver mucha gente de tan diferentes edades, comulgando y luego cantando el himno del colegio, realmente hizo un cierre genial.
Llegar a la cómoda Velaria y ver tantas mesas, con tantas generaciones. Poder convivir con compañeras y compañeros, de diferentes años, todo mundo sonriendo, emocionado, reconociendo a los que llevaban mucho tiempo sin verse… poder observar esos abrazos llenos de cariño, de nostalgia, de gusto por la amiga, el amigo por fin reencontrado… ¡Realmente es un gran regalo de la vida, un gran regalo de Dios! Recordar anécdotas, empezar a crear otras… ver al grupo de muchachos que admirabas o te gustaban, ya hechos todos unos señores… ver los grupitos de muchachas “populares” que ya no están en su pedestal y se reúnen con todos… ver al “nerd” o a la “nerd” que ya se volvió sociable y hasta baila… ver las mismas caras de ayer, pero ya enmarcadas con pelo blanco, gris o ya sin pelo… las mujeres que nos “ayudamos” con los tintes, pero también algunas valientes muy guapas, presumiendo sus canas. Sentir ya el paso de los años, pero también poder agradecer el tener salud y seguir vivos, aquí y ahora. Ver varios grupos de hermanos que TODOS estudiaron en el Lux, ¡qué orgullo!
A mí, en lo personal, me fascinó ver a mis “gentecitas”, mis queridos alumnos que son siete años menores que yo, pero a los que quiero tanto y me siento tan orgullosa de todos y cada uno… ver que me recuerdan y que me platican cosas padres que hicimos o que hacen hoy… todas personas de bien, que siguen llevando ese sello del Lux de amistad, compañerismo, conciencia social, respeto, sencillez…
La rica comida servida por Hassan… y el compartir, junto con el vino que cada quien llevó, las últimas anécdotas de nuestras vidas… sí siempre hay alguna circunstancia dolorosa y triste, pero por cada una de ellas, hay mil de agradecimiento y alegría… ser abuelos, presumir los nietos… tener salud, agradecer la vida… ver cuántos matrimonios se “hicieron” en el Lux y siguen juntos… ver cuántas amistades se crearon allí y siguen llenando nuestras vidas de esperanza.
Luego vino un video maravilloso lleno de la historia, de la filosofía, de los recuerdos, los valores, las circunstancias que han ido llenando estos 85 años de vida y que han ido transformando ya cuatro generaciones… porque hay bisabuelos, abuelos, madres y padres de familia, alumnos que han pisado, corrido, estudiado y dejado huella en él.
Fue impresionante ver gente de tantas edades conviviendo juntas, con esa alegría, sencillez, lealtad, fraternidad y sororidad que caracteriza a los egresados… gente que tratamos de seguir las máximas de “Hombres y mujeres para los demás”, “En todo amar y servir” o “Fuertes en la lucha”… frases que llevamos inscritas en nuestros corazones y que han ayudado a crear un mejor León, un mejor México, un mundo mejor.
Pues felicidades a todos y como les dije a mis nietos que orgullosamente estudian ahí, ¡vamos juntos a festejar los 100 años!
RAA