Podemos saber que no somos los únicos que pensamos en un mundo caótico generado por un hombre cuya mente está al borde de la insanidad. Donald Trump no goza de una salud mental cabal. Lo saben los políticos republicanos que esconden la verdad de su furia si disienten; lo conocen bien los demócratas, quienes lo han demandado una y otra vez por actuar como autócrata; lo saben otros mandatarios como Claudia Sheinbaum, que sufren sus cambiantes estados de ánimo.
Una de las muestras más preocupantes son las mentiras que el presidente norteamericano dice con gran soltura. Cuando le preguntaron si el ataque a la escuela en Teherán, que dejó fallecidos a más de 180 niñas y niños, era responsabilidad de su país, dijo que el responsable era Irán. Su secretario de Guerra, Pete Hegseth, al menos dijo que se investigaría el tema y no salió de esa respuesta.
El periódico The New York Times hizo bien su tarea y obtuvo un registro en cámara donde se veía un misil “Tomahawk” impactar el complejo militar aledaño a la escuela y luego columnas de humo sobre la escuela. Los editores del periódico pudieron corroborar lo que la prensa mundial intuía: el asesinato de infantes inocentes fue responsabilidad del ejército norteamericano.
Las guerras siempre se originan por juicios erróneos de personas desequilibradas. No puede ser de otra manera. Tanto los ayatolás iraníes que juran muerte a Israel y a América, como los líderes de Israel y Estados Unidos, no pueden estar en sano juicio. Los primeros, porque recurren a viejos libros e historias y a dogmas absurdos en los que la voluntad de “Alá” es el exterminio del pueblo que adora a “Jahvé”, quien presuntamente otorgó el derecho divino a ocupar el espacio donde vivía el pueblo palestino.
Volviendo a Trump, su dogma es el poder total, para bien o para mal. Para eso se sirve de una narrativa siempre dudosa, como la de que Irán estaba a punto de construir una bomba atómica para destruir a Israel y luego a Estados Unidos. Hay quienes creen que la influencia del israelí Benjamín Netanyahu fue decisiva para llevar a Trump a la guerra. También es cierto que si Irán puede hacerse de un arma nuclear, no dudaría en usarla contra Tel Aviv.
Ayer los mercados sufrieron la esquizofrenia de Trump, quien había dicho que la guerra sólo se terminaría con la “rendición incondicional” de Irán. Luego aseguró que él debería participar en la designación del nuevo líder iraní. El petróleo superó los 100 dólares, los mercados se cayeron y el caos se apoderó de los países del Golfo Pérsico, que son atacados por Irán.
De repente, y sin que nadie lo esperara, Trump dice que la guerra está completa, sugiriendo la terminación del conflicto. El petróleo, como un columpio, cayó por debajo de los 100 dólares; las bolsas respiraron y el mundo también. La variabilidad del estado de ánimo de Trump marca pautas y patrones irracionales desde que asumió el poder. Locuras que han costado y costarán mucho a su país, como haber sugerido que Canadá fuera el 51.º estado o que Groenlandia debería ser territorio norteamericano, cuando es danés. La peor: que los aranceles arreglarían la economía de su país.
Ahora Trump hace alianza con presidentes latinoamericanos para luchar contra el narco y excluye a México, a quien acusa de ser el epicentro del mal en ese tema. ¿Habrá alguien de peso que se anime a pedir un examen psiquiátrico para Trump? La paz del mundo está en juego.