A la 4T no la comprendemos por la falta de claridad en su rumbo y la confusión en su propuesta ideológica. Eso genera conflictos y se pierden oportunidades. Un ejemplo es lo que sucede en el campo de la energía, trastornado por la guerra en Medio Oriente.

El país puede enfrentar problemas serios debido a la inflación de los precios de la gasolina y del gas; la economía entrará en recesión si la guerra se prolonga. Las contradicciones ideológicas están a la vista: por un lado, enviamos miles de toneladas de alimentos a Cuba para apoyar a un régimen fallido, mientras en las llamadas “Tiendas del Bienestar” faltan alimentos. Vemos que en La Habana el frijol mexicano se vende a 1.50 dólares el kilo ( unos 750 pesos cubanos). La dictadura se queda con el dinero de los contribuyentes mexicanos. La ayuda “humanitaria” no va directamente al pueblo cubano, que vive en una crisis inimaginable, sino al régimen fracasado.

El estatismo es otro de los problemas nacionales con su retórica contradictoria. Se dice que la riqueza del subsuelo es de “la patria” y, por eso, tenemos a Pemex, que hoy nos cuesta hasta 600 mil millones de pesos al año en subsidios del erario. En cambio, los minerales preciosos, como el oro y la plata, son extraídos por empresas nacionales y extranjeras con gran eficiencia y enormes ganancias. Tenemos la mina de plata más grande del mundo y Grupo México, Fresnillo, Frisco y Grupo Autlán duplican y hasta cuadruplican su patrimonio en un año con el aumento de los precios.

En materia de electricidad, AMLO se sacó de la manga la prohibición de que el sector privado produzca más que la CFE, cuya participación debe ser del 54 %. ¿Por qué el 54 y no el 70 o el 25 %? Tenemos políticas que detienen deliberadamente la iniciativa privada, mientras que, por otro lado, el gobierno se reúne una y otra vez con empresarios para ofrecerles confianza y pedirles mayor inversión. Por un lado, está Altagracia Gómez Sierra, con su inteligencia y capacidad, promoviendo a México; por otro, tenemos una reforma judicial que pone de cabeza las cosas. Queremos ser exitosos como país moderno, pero el gobierno se niega a modernizar los trámites y a ampliar la cancha de juego para producir con mayor libertad.

Abrir una empresa puede tardar meses aquí debido a la tramitología en las dependencias; en otros países, se puede abrir el mismo día del registro. Producir electricidad mediante sistemas de paneles solares es una prioridad para el país; el gobierno quiere alentarlo, pero no atiende las solicitudes cuando todo está listo para generar energía limpia.

Por experiencia, sabemos que el gobierno es un mal administrador de empresas. Las refinerías de Pemex son la mejor muestra. Nos da la impresión de que la presidenta Claudia Sheinbaum aprende rápido porque tiene una formación científica, pero decide con lentitud porque tiene una carga ideológica que proteger. Abre las puertas al fracking, invita a Carlos Slim a invertir con Pemex, cuenta con la ayuda de Marcelo Ebrard para negociar el nuevo tratado de libre comercio, pero regresa al pasado electoral y protege los engendros institucionales de su mentor. Sentimos una larga sombra de Andrés Manuel López Obrador.

Nos peleamos con países libres como Argentina, Perú y Ecuador, pero mantenemos relaciones excelentes con las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela. La realidad nos dice que estamos estancados en dogmas del pasado mientras pedimos inversión para el futuro. 

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