De verdad que cada año se vuelve más triste nuestra “celebración” del Día de la Mujer. Pareciera que en lugar de todas unirnos con sororidad, con hermandad para festejar orgullosamente nuestra femineidad, ya muchas nos avergonzamos, nos escondemos, nos preparamos para detener los destrozos o simplemente, preferimos pasarlo desapercibido para no caer en las incongruencias en las que muchas caen para conmemorar el 8 de marzo.
Tratando de hacer una breve reseña, empezaría por nuestra Presidenta con “a” como le gusta tanto decir a ella, pero que como muchos sabemos, estaría mal escrito. Ella se fue con la plana mayor de nuestro gobierno a celebrarlo al Campo Marte, no sé si por aquello del dios romano de la guerra, con todas nuestras fuerzas militares y flanqueada por los Secretarios de la Marina y la Armada. ¿Qué quiso dar a entender, qué quiso demostrar? ¿Que dichas fuerzas son lo más importante? ¿Que ella las respalda o que ellas la respaldan a ella? ¿Creerán que ya porque las pocas mujeres que estaban en el presidium se fueron vestidas de morado era suficiente demostración de feminismo? No lo entiendo bien, pero creo que, yo en lo personal y mucha gente más, hubiéramos preferido muchas otras formas antes que esa.
Ya se hizo costumbre y la verdad me da entre pena y coraje que en estas fechas nuestros principales monumentos históricos, los cercan con vallas metálicas que salen carísimas, empezando por Palacio Nacional (sí aquel en el que López vivió pregonando “austeridad franciscana” y criticando los excesos de los Presidentes anteriores por vivir en Los Pinos y que ahora es “sencillamente” habitado por Sheinbaum), pasando por Iglesias, glorietas, bancos, estatuas, tiendas y un largo etcétera, para que las “manifestantes” que van buscando, gritando, pidiendo que se respeten sus derechos no puedan maltratar y dañar todo nuestro patrimonio cultural.
Y ahí está la siguiente incongruencia: pido respeto pero no respeto a los demás ni sus propiedades; pido que no me pisoteen, no me insulten, no me agredan, pero yo sí pisoteo, insulto, agredo… ¡Van destruyendo y pintarrajeando todo a su paso! ¡Ya hasta miedo da el 8 de marzo y prefiere uno evitarlas o no salir! ¿Se darán cuenta que el dinero que se gasta el gobierno en tratar de proteger y luego, reparar sus destrozos y que sale de nuestros impuestos, es el mismo que podrían usar para buscar a nuestros desaparecidos o justo mejorar o darle presupuesto a las cosas que están solicitando?
Este año, en Campeche, ¡hasta les rociaron gasolina y prendieron fuego a unas mujeres policías! ¿Dónde queda la sororidad, el apoyo entre nosotras las mujeres? ¿Serán conscientes de que ellas, las policías, también son mamás, hermanas, hijas de alguien, que son mujeres trabajando como ellas? ¡Qué injusto!
También este año, aquí en León y en diferentes ciudades, fueron varios católicos a tratar de proteger con sus cuerpos nuestra Catedral e Iglesias… lo lograron a costa de mucha paciencia, tolerancia y unión… yo desde esta sencilla columna, se los agradezco de corazón y admiro su valor, el tiempo que dedicaron, porque a varios de ellos, sobre todo hombres, les lanzaron hasta pintura, además de insultos, obviamente.
También este año me conmovió ver diferentes videos en diversas redes sociales, en los que las trabajadoras de limpieza de distintas ciudades trataban de limpiar los destrozos que hicieron las seudo feministas y quejándose que deberían de respetar su trabajo, que no las hicieran trabajar de más y que se pusieran en su lugar.
Creo que eso es justamente lo que nos está faltando a todas: “Ponernos en el lugar del otro” … tratar de entender, tratar de dialogar, tratar de ver las cosas desde sus ojos… tratar de ponernos en sus zapatos…
Sí, hay muchas injusticias en nuestro México, en nuestro mundo… sí hay muchas cosas que fallan… pero no va a ser con violencia que logremos un cambio. El cambio real solo empieza cuando alguno da un paso adelante y extiende su mano para acompañar realmente, de corazón al otro.
RAA