Ayer, la oscuridad fue total en Cuba porque el sistema eléctrico falló y quedó sin electricidad. Dicen que fue por las viejas termoeléctricas; dicen que fue por la red de distribución; la realidad es otra: es el gran apagón del comunismo con los estertores del régimen castrista. En la isla no es que no haya petróleo ni gasolina; es que no queda nada, salvo la energía de la gente, convertida en cacerolazos nocturnos. 

Después de la oscuridad vendrá un nuevo amanecer de libertad y vida para la población. La transición a un mundo en el que el destino no lo marque el Partido Comunista no será fácil. Las cartillas de racionamiento están arraigadas en las costumbres de más de sesenta años de dependencia. Sin embargo, el cambio será rápido porque hay una gran riqueza enterrada, inutilizada por los dogmas del marxismo. La tierra valdrá todo, al igual que la belleza de la isla y el carácter de sus habitantes. 

Los siguientes días serán de angustia y, al final, de rebeldía, esa que comienza como un murmullo en todas las ciudades y se convierte en una protesta imparable. La única forma de evitarlo para el castrismo es pactar una salida con Estados Unidos, el archienemigo del que se valía la retórica castrista para justificar todas sus desgracias. 

Con la libertad, valor irrenunciable para cualquier acuerdo, las dos cubas se unirán, la que vive en el exilio y la sometida por la dictadura. Será el segundo capítulo de la caída del comunismo en Occidente, tras el derrumbe del Muro de Berlín. Entonces sí, de toda América llegará la ayuda en forma de inversión, proveniente de cientos de proyectos de reconstrucción. Al igual que hoy no hay distinción entre la prosperidad de lo que fue la Alemania del Este y la del Oeste, Cuba se convertirá en una potencia turística, agrícola y cultural. 

Como dijo Deng Xiaoping: “Algunas personas y algunas regiones tendrán que enriquecerse primero”.  Como sucedió en China, el ahorro, la inversión y el capital abrirán las puertas a un país que se había convertido en la dictadura más prolongada de Latinoamérica. El país puede ser tan próspero como Chile o Panamá o tan desarrollado y civilizado como Uruguay. Entre más se abra a la libertad, más pronta será su recuperación. 

Para México será una gran lección, sobre todo para los líderes que siempre quisieron imponer el comunismo “en las gallinas de mi compadre”, como se decía popularmente. La farsa de “Patria o Muerte” que gritaba Fidel Castro quedará en el pasado. La apuesta de los radicales de Morena, encabezados por Andrés Manuel López Obrador, evidenciará su incongruencia: desear al próximo la falta de libertad que hoy tienen gracias al sistema democrático que los llevó al poder. 

Sin la tendencia latinoamericana de despejar el futuro del populismo de izquierda, pronto Colombia podría cambiar de rumbo y Brasil tendría un destino más equilibrado. Argentina demostrará que la potencia de la iniciativa privada puede resolver mejor la economía que la burocracia peronista de décadas. 

El fracaso del comunismo castrista liberará a nuevas generaciones de la idea falsa de las bondades de un estado que controla la economía, la cultura y el desarrollo. También será un tema para reflexionar en los próximos días y meses sobre el destino de México, capturado entre dos ideologías contrapuestas: el liberalismo democrático y el populismo de izquierda. Eso lo comentaremos mañana. (Continuará)

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.