Nuestro amado País, no crece desde hace 8 años. Pasamos de crecimientos alrededor del 2 % a menos de 1 %. En el año 2010, éramos en México 112.3 millones de habitantes y para el primer semestre de este 2026 se pronostica que seremos 134.4 millones; es decir que en ese periodo la población mexicana crecerá 19 %, casi 10 veces más que el PIB, considerando los datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI). La economía no crece de manera sostenida; estamos atrapados en el estancamiento económico principalmente por la falta de inversión (pública y privada), incertidumbre jurídica, inseguridad, y un entorno que no fomenta la productividad ni la innovación con nuestra cultura de querer que el gobierno o el cielo nos den todo.
A pesar de los intentos de crecimiento del Gobierno federal, la inversión ha estado estancada, afectando la creación de empleos y el aumento de la productividad. Limitan el crecimiento económico: la baja inversión y la desconfianza para invertir, acentuada por cambios regulatorios y políticos, que impiden el flujo de capitales necesario.
No hemos podido activar nuevos motores económicos que sustituyan a los que se agotaron. Es un equilibrio de nulo crecimiento, donde la productividad total avanza poco, la inversión es insuficiente y el capital humano no se traduce en mayor valor agregado.
Es triste: la inseguridad y la falta de Estado de Derecho que desincentivan la inversión nacional y extranjera, a pesar de que aparentemente se acabaron los “abrazos y no balazos” que daba el expresidente AMLO al crimen.
Tenemos un enorme rezago en la adopción de tecnologías y en la inversión en investigación, desarrollo y educación. Hay un entorno laboral y social con persistencia de la pobreza y la informalidad laboral que limita el consumo interno.
Tenemos estancamiento en la manufactura y una excesiva concentración en pocos sectores productivos, y ahora, en marzo, el INEGI midió el estancamiento del sector terciario o de servicios, pues según datos del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del INEGI, este sector cayó 0.1 % mensual en marzo de 2026; aunque aporta cerca del 60% del PIB, enfrenta debilidad ante la incertidumbre comercial y desaceleración del consumo interno. Esto es gravísimo.
Aunque la Presidenta Sheinbaum quiere generar la certidumbre necesaria para impulsar la inversión, sigue con un alto gasto público y provoca altísimos niveles de deuda que tiene el País, que sumada a la adquirida por el ex Presidente AMLO nos lleva al cierre de 2025 (medida por el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, SHRFSP) se situó en un nivel histórico del 52.6 % del PIB.
Estamos estancados y con una altísima inflación; a este fenómeno económico se le llama estanflación y es una de las situaciones más complejas para la economía de un país, porque rompe la relación tradicional donde los precios suelen subir cuando hay mucho crecimiento (como en las épocas priistas de los años 70 y 80). México no tiene alto desempleo, pero tiene empleos informales. No es fácil: si suben las tasas de interés, ayudan a bajar la inflación, pero frenan aún más el crecimiento y aumentan el desempleo. Si el Banco de México baja las tasas de interés, estimula la economía y el empleo, pero provoca que los precios suban todavía más rápido.
Según analistas financieros y organismos internacionales como el FMI, la economía de México se encuentra actualmente en una etapa de “estanflación moderada”, su periodo más largo de bajo crecimiento con precios elevados desde principios de la década de los 2000.
Se pronostica que el PIB crezca apenas un 1.2 % o 1.4 % este año. Esto ocurre tras un 2025 donde la economía casi no se movió, con un crecimiento de apenas 0.6%. La tasa de inflación anual se ubicó en 4.53% durante la primera quincena de abril. Las causas principales: incertidumbre por la revisión del T-MEC, tensiones comerciales con EU y el impacto de conflictos internacionales en los precios de la energía. Estar en esta “estanflación moderada” implica que, aunque la economía no se ha colapsado, el dinero rinde menos y no se están generando los empleos suficientes para la población.
Estamos apenas viendo el tamaño del problema para las décadas siguientes: la economía del crimen tiene contracción; las pensiones y los programas sociales estrangulan las finanzas, pero son el sustento del régimen; los proyectos emblema de AMLO no generaron retorno económico ni social. Total: no encontramos como País, la fórmula para crecer.