Así se llama uno de los libros de uno de mis autores favoritos: Javier Moro; y que habla de un pedazo de la vida (específicamente del 2014 al 2020), de Leopoldo López Mendoza, el famoso líder del Partido Voluntad Popular, de la oposición venezolana, que ayudó a poner algunos de los cimientos para la caída del régimen de Nicolás Maduro.
Leopoldo, o “Leo” como le dicen sus amigos, es un economista y político joven, muy popular, nacido en 1971, que gobernó Chacao (un municipio de Caracas) del 2000 al 2008, a quien la cruel Dictadura venezolana, empezó a tenerle tanto miedo que lo inhabilitó para los comicios del 2008, en un juicio que la Corte Interamericana de Derechos Humanos dio por falso… pero que el gobierno venezolano desconoció por “contradicciones y hechos inexactos” (que suenan a: el “faltan pruebas” que usa tanto nuestro gobierno en turno).
Más no contenta con eso, la Dictadura, lo encarceló achacándole la responsabilidad de las muertes de 43 personas y los cientos de heridos que hubo en “La Salida” como nombraron a su llamado de participación en protestas ciudadanas que marcaron el inicio de las manifestaciones en Venezuela del 2014; y en las que participaron también Juan Guaidó y María Corina Machado. Él pasó 3 años en una cárcel infame y cruel, llamada Ramo Verde, a pesar de ser inocente y a pesar de varios testimonios de sus mismos juzgadores quienes testificaron que el gobierno venezolano los había presionado para falsear el juicio.
Las condiciones en la cárcel eran infrahumanas y con ciertas características, enseñadas por los cubanos y soviéticos, que trataban de hacer que los prisioneros se fueran sintiendo cada vez más inseguros, más indignos, menos seres humanos para que su rebeldía, su fuerza y los ideales que defendían, se fueran diluyendo. Por ejemplo, quitarles la luz o ponérselas siempre para que perdieran la relación del tiempo; quitarles sus pocas pertenencias, ¡vaya hasta sus escritos!; hacerles revisiones a diferentes horas; ponerle música estruendosa el día anterior de sus juicios; no permitir relacionarse con nadie, tenerlo en aislamiento total; impedir que sus custodios lo llamaran por su nombre o lo miraran a los ojos; reducirles los tamaños de las celdas; pasar a grabarlo o fotografiarlo constantemente; matarle a los animales que primero le permitieron tener; no permitirle las visitas familiares cuando le tocaban o revisar de forma denigrante a sus visitantes… entre muchas otras cosas. La idea principal de sus torturadores se puede resumir en cuatro palabras: “Hoy te doy, mañana te quito”.
Él, desde un inicio, trató de mantener una disciplinada rutina para que no lo pudieran quebrar intelectual, ni espiritual ni físicamente con facilidad. Parte de esta cotidianidad, sería, en la medida de lo posible: la limpieza personal y de objetos; hacer e ejercicio físico; leer, escribir, dibujar, colorear, mantener la mente ocupada; desde el inicio, su gran tesoro sería la Biblia… la oración, su tabla de salvación.
También nos describe el libro, la inmensa lucha que inicia toda su familia para tratar de liberarlo. Gracias a Dios, sus padres contaban con recursos y tuvo mucha gente que de todo el mundo lo apoyaron a él y a su movimiento, económicamente. Pero también tuvieron que salir al extranjero, tanto ellos como su esposa, para solicitar el apoyo de la ONU, de la OEA, de la Unión Europea, en especial de España, para que fuera la comunidad internacional la que reclamara su liberación por ser un preso político y de conciencia… provocar que la gente a nivel mundial, conociera su nombre, su cara, su lucha… y que reconocieran que en Venezuela había una Dictadura con muchos presos políticos… que él solo era el más conocido entre muchos más. Al final, el régimen empieza a perseguir al padre de López quien se tiene que huir del país y vivir asilado en España; y su madre, por motivos de salud ya que le diagnostican deficiencia renal, también tiene que irse, porque en Venezuela no tenían insumos para darle el tratamiento que necesita.
Él en un inicio cree que lo van a dejar salir pronto, luego se da cuenta que en amañar el juicio se tardan, y cuando lo “juzgan” le dan 13 años de cárcel. Esto fue un golpe devastador para todos, especialmente para su esposa y sus dos hijos tan pequeños que el menor empezó a gatear y a caminar entre las visitas a la cárcel.
Leopoldo documentó la tragedia que vivió en su libro: “Preso pero libre”. Creo que valdría la pena a conseguirlo y leerlo… para darnos cuenta del daño que puede hacer una Dictadura a sus ciudadanos. De ahí el título del libro: “Nos quieren muertos” en el sentido que los regímenes totalitarios, prefieren a la gente muerta antes de que sean líderes de oposición que puedan cuestionar sus quehaceres, sus corruptelas así como las acciones que buscan desmantelar nuestras democracias.