Famosamente escribió el general Álvaro Obregón -Presidente de México de 1920 a 1924, y nuevamente electo en 1928, cuando fue asesinado en “La Bombilla”- en las páginas de nuestra historia la frase: “No hay general mexicano que aguante un cañonazo de 50 mil pesos”.

Y fíjense ustedes, amigos, lo que es la inflación: los cañonazos de “Los Chapitos” al general Gerardo Mérida Sánchez, exsecretario de Seguridad en Sinaloa, eran de ¡cien mil dólares mensuales!

La Presidenta K-Pop quería pruebas y ésta es solo una de las que posee la justicia norteamericana. Como quiera, algo nos dice que ninguna prueba será suficiente para que entregue a algún morenarco; se apega a la regla de su mentor: “¡Niega, niega, niega y escúdate en la soberanía!”.

Su FGR (cuyas siglas significan “Farsa Gruesamente Ridícula”) no investiga por estas gravísimas acusaciones a este general que SE amparó en Morelia contra detención y extradición; sin embargo, sí indaga a cincuenta policías estatales de Chihuahua por la presencia de agentes de la CIA en la quema de laboratorios en esa entidad. Y llaman “traidora a la Patria” a la Gobernadora panista Maru Campos por cooperar en la destrucción de laboratorios clandestinos de metanfetaminas: o sea, por cumplir la ley.

Tampoco interrogan a los elementos del Ejército que acompañaron a las fuerzas estatales y hacen caso omiso de las declaraciones de congresistas norteamericanos quienes han revelado que la Presidenta Sheinbaum sabía de la presencia de los agentes en territorio mexicano. ¡Que la investiguen a ella también entonces, si acaso en México la justicia es imparcial!

Y como para certificar que ella no es presidenta de México, sino Presidenta de los de Morena, el jueves se reunió exclusivamente con los legisladores cuatroteros y sus aliados para pedirles “unidad” y “defender la soberanía”. ¿Se referirá a la soberanía doblegada por los cañonazos de 100 mil dólares mensuales de “Los Chapitos”? ¿O a los del megahuachicol que defraudaron a la Nación con 600 mil millones de pesos a manos de miembros de la Secretaría de la Marina y sus cómplices?

Esto, ya que si la soberanía corre algún riesgo es por los delincuentes con charola que gozan de impunidad y protección de la cuatroté, “movimiento” que, hecho Gobierno, suplantó la salvaguarda de los supremos intereses nacionales por una incestuosa relación asquerosamente material con los mecenas del narco.

Haga lo que haga la señora no la pondrá a salvo, ni a ella ni a quienes protege, de un final trágico: ya podrá enredarse en la bandera, trepar los muros de Chapultepec y lanzarse de lo más alto gritando “¡Pruebas, pruebas, pruebas!”, “¡soberanía, soberanía, soberanía!” y de nada le servirá: la rendición de las instituciones democráticas del País a las fuerzas del mal, la impunidad extendida a la maldad y a la ilegalidad, resultarán imposibles de negar o esconder.

¿Acaso creen que exhibirse en los balcones de Palacio Nacional con el grupo surcoreano BTS hará que la ciudadanía se olvide de la existencia de un narcogobierno en México? ¿O que lanzársele como hienas a la Gobernadora de un partido opositor mermará su culpa de haber entregado a México a los capos del narco? Lo que estamos presenciando son pataleos de ahogado no solo para distraer, sino también para ganar tiempo en esconder sus impresentables fichas.

Asentable en los anales de nuestra crónica nacional, por ejemplo, es que al acusado narcogobernador, Rocha Moya, la Presidenta le puso escoltas federales, pero al ser interrogado sobre su paradero, el Secretario en proceso de devaluación -o sea, jefe de los escoltas-, Harfuchito, dijo desconocer su ubicación tras pedir licencia.

Lo mismo ocurre con el narcosenador Inzunza, quien retacó la justicia sinaloense de sus parientes con el fin de defender los intereses de sus amos “Los Chapitos”. La defensa a ultranza los hace lucir cómplices, los implica e incrimina. Si una situación así no equivale a encontrarse entre la espada y la pared, mucho nos interesaría conocer cuál es su definición de tan insalvable trance.

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