​La economía del país está estancada y no es necesario que nos lo diga el Inegi con su estadística de caída del 0.8 % en el primer trimestre. Nos lo dicen muchos empresarios y también el Banco de México con las dos últimas rebajas de la tasa de interés; la última ubicó la tasa de referencia en 6.5 %.

​Muchos economistas no estuvieron de acuerdo porque la inflación creció por encima del 4.4 % y, con la subida de los precios del diésel y de la gasolina Premium, lo recomendable era no aplicar rebajas. Sin embargo, la economía debe estar muy débil para que el Banxico afloje las cuerdas en un esfuerzo por impulsar la inversión y reducir el costo de la deuda del gobierno.

​Lo imperdonable es que todo el continente americano crece y México no, desde Guyana y Canadá, que tienen un boom petrolero, hasta República Dominicana y Argentina, que estimulan la inversión extranjera y eliminan trabas burocráticas. En el país, el lado inteligente de la 4T, encabezado por Marcelo Ebrard, propuso el decreto de la “afirmativa ficta” para los permisos de apertura de nuevas empresas. Si el gobierno no responde en 90 días, habrá un “sí” implícito.  Si la inversión supera los 2 mil millones de pesos, ni siquiera se requerirán trámites. También es una señal de que urge inversión. Pero se requiere más.

​La administración de Claudia Sheinbaum necesita romper con el pasado para liberar al país de otras amarras. La inclusión y la tolerancia harían mucho para distensar el clima político de encono y conflicto. Digo romper con el pasado porque carga con una enorme y mala herencia política y económica de Andrés Manuel López Obrador. Si la presidenta no entrega a Estados Unidos a los personajes señalados como asociados al crimen organizado, las complicaciones podrían arrastrar al País a una recesión.

​La mejor opción es negociar con el vecino la entrega de Rubén Rocha Moya y Cía. a cambio de detener las demás solicitudes que tiene en el escritorio Donald Trump. La soberanía nacional comienza por la propia presidencia: ¿de qué sirve defender al obradorismo si se sacrifica la nación? Porque no hay defensa contra el poder del imperio norteamericano.

​Una edición llamada “Black Paper” en Substack presenta un ensayo imaginario sobre lo que pasaría en México si el gobierno de Trump declarara a Morena como organización terrorista por estar vinculada al narcotráfico. Aunque el planteamiento es imaginario, nos damos cuenta de que el poder del presidente norteamericano no está solo en invadirnos con marines, sino también en destruir de un plumazo al partido gobernante o al sistema financiero nacional. Un pequeño ejemplo fue cómo reventaron tres instituciones financieras: CI Banco, Intercam y Vector. La verdad, nunca vimos argumentos sólidos para borrarlas del mapa. Imaginemos que hicieran lo mismo con BBVA y Banorte. Al día siguiente tendríamos una hecatombe económica. Afortunadamente, eso tampoco beneficia al capital norteamericano.

​La caja de herramientas que tiene Estados Unidos para someter a cualquier gobierno mexicano es enorme. En un caso extremo, Morena podría perder el poder si las acusaciones contra sus miembros se dieran por racimos o si Trump, en una noche de insomnio, escribiera un mensaje en su plataforma “Truth”, atacando directamente al partido en el poder. Por el bien de México y por sentido de autoprotección, la Secretaría de Relaciones Exteriores o Marcelo Ebrard debería tener la encomienda inmediata de negociar un acuerdo con Marco Rubio, quien es un tipo más centrado que su jefe, Trump. Sería una magnífica señal.

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