Nacidas de la trashumancia, del viaje que desborda el concepto moderno del turismo al incorporar la vivencia profunda en otra cultura y espacio, las postales del escritor colombiano Fernando Vargas Valencia, germinan en la estación, en la pérdida, en el contraste y el regreso. Decía Octavio Paz que para viajar debemos desprendernos de lo que llevamos para acoger lo que nos ofrecen los nuevos mundos visitados; desplazarnos libres de cargas hacia los encuentros y experiencias para poder aprehenderlos. 

Red lights

¿Habrá algo de mí en los tulipanes de Van Gogh,

en los espirales a medias de Rembradt?

Busco mis raíces más etéreas y profundas

en lugares inhóspitos y extraños.

Arden las llamas de la memoria

en las plantas de los pies.

No hay nada de lo que soy

en las ciudades agrietadas

donde los cisnes anidan con desechos.

Esta biografía se presenta pusilánime

a la luz de los estigmas

que ha dejado la historia.

Los escaparates van a romperse

a fuerza de guiños salvajes, 

de silencios carcomidos por la ausencia.

El neón estalla en las pupilas

y no hay lágrimas que sanen

el ardor que dejan los caminos empolvados.

Algo de aquí y de ahora

se deja trastocar por lo que nunca fue,

por lo que no será.

¿Acaso los laberintos darán respuesta

a los interrogantes insolentes?

Las aguas se pudren 

y el cielo plomizo aún guarda 

vestigios de metralla.

Quisiera ser más que un hombre:

un traficante de sucesos inútiles,

un guardián de rojas noches 

matizadas por la jauría.

Soy el ahora que se desploma 

sin hacer más ruido 

que el del aleteo

de una bandada de palomas. 

Las atmósferas urbanas evocan el desarraigo, las memorias e identidades heridas. Mas nada suena improvisado: hay una voluntad de tono, de mundo e imaginería. Un continuo desplazamiento de ida y vuelta entre lo canónico, lo profano, lo alto y lo bajo, entre la estatua fulgurante y la ruina. Postales desde ciudades insomnes (Los conjurados, 2015) dialoga también con la obra pictórica de Keko impresa a todo color, inspirada en poemas como Tempestad, Conversaciones sin voz o en:

Invocaciones ante el Guernica

Corazas agrietadas

por tantos muertos sin memoria.

Levanto los brazos y grito:

el eco de la mazmorra

no me ofrece más que signos de discrepancia,

apenas la nombradía de esta rabia

que algún día transformará

los cantos de sirena

en el incendio feroz 

del nuevo mediodía.

(Habré de desatar la soga

que me ata al mástil del navío

pues ya no me conmoverán

los movimientos del hechizo).

Rabia con lágrimas en los huesos,

metáfora de la cólera punzante, 

quejido de todas la marejadas enrojecidas,

tierra baldía del porvenir,

del espermático y memorioso,

del radical y heroico:

el de todos los muertos inocentes.

Jasna

Que no haya palabras

entre los dos:

que nunca sepas 

de la suerte de este poema,

que ignores por siempre

que te he inmortalizado;

que entre nosotros

no haya lugar al olvido

porque tampoco 

habrá memoria. 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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