Muchos imaginamos que la Secretaría de Educación Pública (SEP) es una estructura muy compleja. No es para menos: maneja un presupuesto de más de 1 billón de pesos, cerca del 10 % del presupuesto total federal, el cual se divide entre los estados. A esto se suman 40 mil millones de pesos de la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG), lo que representa casi el 30 % del presupuesto estatal.

Todos en nuestra infancia jugamos al teléfono descompuesto, sabiendo que un mensaje original llegaba parcial o totalmente distorsionado al último eslabón, a quien quizás se le requería algo o debía ejecutar una acción. Con esta referencia, imaginemos una escalera de 18 peldaños. Ese es el número que alguna vez escuché mencionar a un secretario de Educación como la cantidad de personas o entidades que deben conocer un mensaje para que lo puedan recibir los niños en su salón. Así, nos encontramos con la paradoja de que, en lugar de tener una escalera cuya función debería ser unir ambos extremos, termina siendo un gran teléfono descompuesto y, además, disparejo.

Al preguntarle a ChatGPT, analicé la cadena de autoridad formal para implementar una política pública o un programa específico para niñas, niños y adolescentes. El resultado evidenció que el mensaje debe descender por hasta 19 niveles potenciales. A nivel federal, la directriz pasa por el secretario, jefe de oficina, subsecretarios, directores generales, directores de área y equipo técnico que redacta lineamientos. En territorio estatal, intervienen secretario, subsecretarios, directores, coordinadores regionales, delegados, jefes de sector, supervisores y el Asesor Técnico Pedagógico (ATP). Finalmente, en la escuela, es procesado por director, subdirector, coordinador académico y docente, antes de aterrizar en el alumno.

Les comparto que, en 2012, los miembros del Consejo Estatal de Participación en la Educación (CEPSE) hicimos un ejercicio estratégico. El resultado fue valioso: buscábamos lo mismo para la educación de nuestro estado. Pero, conforme avanzaban nuestras sesiones, la gran pregunta siempre era: ¿por qué no lo logramos?

Ahí es donde esta escalera cobra importancia. Mientras más niveles existen, el mensaje se mueve más lento, se distorsiona y evidencia que el alumno está lejos de quienes toman decisiones. Por eso, programas valiosos como la promoción de la lectura, la participación en olimpiadas académicas o el uso de los resultados de la prueba RIMA a veces se quedan atorados en el escalón cuatro, cinco o doce, mostrando muchas veces que solo se beneficia un puñado de escuelas.

Podríamos exigir modificar la estructura y acortar la escalera, una tarea poco sencilla y que generaría caos, pero también podemos enfocarnos en hacer más eficiente cada peldaño, permitiendo que la información baje, suba y vuelva a bajar para obtener el resultado deseado.

Tengamos presente que en la educación de México hay tanto por hacer que todo suma. Sin embargo, hay que recordar que es un sistema monumental, con más de 230 mil escuelas, 1.2 millones de docentes y 30 millones de alumnos. Si comprendemos esta estructura, podremos abonar a que cada esfuerzo llegue a su destino final.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.