“El gobierno no se rendirá ante intimidaciones”.
Margaret Thatcher
Los maestros de la CNTE son una fuerza que reta al Estado sin mayores consecuencias. Al indagar si reciben su sueldo íntegro mientras viajan a la CDMX para extorsionar al Gobierno federal, los resultados resultan ambiguos. Algunos estados rebajan sus ingresos por no trabajar; otros siguen pagando, pero después de “sentarse” a la mesa de negociación, la Secretaría de Educación y los estados ceden con pagos retroactivos a la nómina.
Morena utilizó al gremio radical para apuntalar sus campañas políticas y hoy el pacto termina con la amenaza de entorpecer el Mundial de fútbol. No es poca cosa: por lo pronto, destruyen la decoración deportiva de las calles, invaden edificios públicos y usan marros para derribar las vallas que impiden su paso hacia el Zócalo.
El único remedio es aplicar la ley, con todas sus consecuencias. Si los maestros abandonan a los alumnos o les piden cosas irrealizables, cualquier gobierno responsable los sometería a la ley. Primero, cortarlos de la nómina, porque no es justo que millones de maestros sigan en su empeño educativo sin fallar mientras una minoría abandona el trabajo y causa destrozos.
Algo parecido sucedía en Inglaterra con el gremio de los mineros. Eran la pesadilla del país por las constantes huelgas y las amenazas de paralizarlo, pues no habría carbón para encender las plantas generadoras de electricidad. En 1974, el sindicato derrocó al primer ministro conservador Edward Heath. Al llegar al poder en 1979, Margaret Thatcher elabora una estrategia para enfrentar a los carboneros. Hace reservas de mineral, prepara a la policía para resistir los disturbios y, en 1985, dobla a los radicales, quienes se habían quedado sin recursos para seguir peleando la huelga.
La confianza de la población en su gobierno regresó a Gran Bretaña; diríamos que fue un punto de inflexión que permitió modernizar la economía de la monarquía.
Otro ejemplo más reciente fue la decisión del presidente Carlos Salinas de Gortari de encarcelar a Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, líder del sindicato de Pemex. Líder “moral” de los petroleros, “La Quina” había amenazado a Salinas al decir que si caía Pemex, caería México. Salinas mandó a buscarlo a su casa en Tampico con el Ejército. Le sembró armas y lo metió en la cárcel. Después de la disputada elección de 1988, el país recuperó la confianza: “había presidente”. La economía resurgió tras casi una década perdida.
El problema para Morena y la presidenta Claudia Sheinbaum es haber prometido lo que luego no se puede cumplir. A un presupuesto federal debilitado no se le puede agregar un aumento salarial del 100 % para los maestros, ni cambiar la ley del ISSSTE, como presuntamente lo habían acordado en las campañas. Las pensiones a edades más
tempranas son imposibles y en Hacienda lo saben. La CNTE nunca entenderá razones; sin embargo, sus líderes pueden perder fuerza si encuentran un muro de firmeza en Palacio.
Los próximos días representan un reto formidable para Morena y la presidenta Sheinbaum. Hay muchos temas álgidos: los narcopolíticos reclamados por EU, la economía que apenas avanza y los disturbios públicos de la CNTE y otros movimientos de grupos delincuenciales, qué decir de las negociaciones del T-MEC o la fiera resistencia de medios de comunicación antagónicos de la 4T. Todo desgasta.
Hemos regresado al sistema presidencialista de antes, pero sin la hegemonía total que el PRI tuvo durante décadas. La mandataria Sheinbaum, si se dobla a la CNTE, encontrará más caminos despejados para gobernar, como lo hizo Salinas en su tiempo.