Si bien en el Mundial los empates han estado a la orden del día, decepcionando a muchos hinchas que esperaban un mayor y mejor rendimiento de los grandes equipos, como España, en nuestra vida cotidiana -por el contrario- se han registrado notables golizas.

Una que llama la atención es la que la CNBV le propinó a la “obra maestra” del “Rey del Cash” -de cuando menos 3 a 0- que fue la creación de un banco de Gobierno, el “Banco del Bienestar”, mediante el cual se reparten las dádivas a los clientes cautivos de la cuatroté, entre otras cosas.

La CNBV, en cumplimiento de su deber, detectó serias anomalías respecto a los controles internos del banco y le impuso sanciones. Observó la CNBV: “Omitió implementar medidas en el procedimiento para las operaciones de retiro de efectivo por parte de sus clientes en su red de sucursales, tendientes a evitar que terceros o personal del banco lo utilicen para la comisión de actos ilícitos o irregulares”.

Claro está, como es banco del Gobierno y creación del Ayatola Macuspeño, BanBienestar protestó las observaciones y alegó que le habían causado un “daño reputacional irreversible e irreparable”. No duden ustedes que el caso acabe en manos de algún juez del acordeón y no sólo se le cancelen las multas, sino que obliguen a la CNBV -que sólo cumplió con su deber de acuerdo con las leyes que la rigen- a retractarse.

Independientemente de dónde acabe este asunto, este su servidor tiende a darle un mayor crédito a la inspección de la CNBV que al banco del Gobierno, el cual ha acumulado desde 2020 unas treinta multas por diversas irregularidades; no siendo la menor una total opacidad en el despliegue de los recursos empleados para construir sus 2 mil 500 sucursales, así como violar la ley de no destinar más del 60 por ciento de su capital a inmuebles. BanBienestar (o más bien BanMalestar) destinó cerca del 70 por ciento, según ellos.

Para nada genera una buena imagen que el banco del Gobierno -el banco de la cuatroté- evite apegarse a las reglas bancarias que imperan para toda la banca en México. Los malpensados pudieran deducir de esta conducta laxa la posibilidad de que BanBienestar se esté empleando como caja chica -o algo peor- por parte del Gobierno.

Sobre todo en cuanto al manejo del efectivo, pues no vaya a ser que en sucursales de este banco en Tierra Caliente, por ejemplo, se laven billetes provenientes de actividades de los grupos delincuenciales que controlan casi toda la vida pública en esas zonas. De ahí que nos parezca indebido que, en lugar de CORREGIR las observaciones que le formula la CNBV, BanBienestar las objete, la acuse de dañar su reputación y amenace con tornar en pleito una correcta labor regulatoria.

En lugar de patalear, los operadores de BanBienestar deberían abocarse a corregir sus procedimientos, imprimiéndole transparencia a un banco que opera con las aportaciones vía impuestos que ingresan a la Hacienda Pública.

Esta “empresa bancaria” que opera el Gobierno conforma uno más de los negocios que con dinero público le compite en forma desleal a la banca privada. Si BanBienestar genera pérdidas, éstas corren por cuenta de todos los mexicanos, mientras que en la banca privada el capital de riesgo recae sobre los accionistas.

Ahora, ¿qué pasa si por alguna milagrosa maniobra BanBienestar llega a registrar ganancias? ¿Para quién son? ¿Para la casta divina de burrócratas que integran la cuatroté? Son muy monolíticos estos cuates, dense cuenta de que en el Gobierno sólo participa puro miembro del “movimiento”: por naturaleza son excluyentes y no incluyentes.

La evidencia indica que les va muy bien en los puestos públicos: viajan ahora en primera clase, comen rib-eye con costra de oro en el Nusr-Et, compran en las tiendas más exclusivas del mundo, poseen casas de campo en Tepoztlán… En fin, han dejado de formar parte del proletariado y orgullosamente se muestran como miembros de la burguesía adinerada.

En la cancha no ha habido goles milagrosos, pero en nuestra vida pública los anotan a diario… ¡y de tijera!