A VER, MAESTRO, tóquese “Las Golondrinas” porque las y los chapulines legislativos ya se van. Dos docenas de políticos de la 4T, entre senadores, funcionarios y diputados, se preparan para dejar sus cargos e ir a buscar alguna de las 17 candidaturas a gobiernos estatales del próximo año.
EL PROCESO para convertirse en “coordinadores estatales de defensa de la transformación” (así llaman en Morena a sus adelantadísimas e ilegales precampañas) comienza el próximo lunes. De ahí que las solicitudes de licencia y renuncias salen como tortillas: una tras otra.
YA SE SABE que Beatriz Mojica va por Guerrero, se dice que Juan Carlos Loera de la Rosa buscaría alguna posición en Chihuahua y Julieta Ramírez, en Baja California. A ellos hay que sumar a Nora Ruvalcaba, para Aguascalientes, y por Nuevo León van tanto Waldo Fernández como Judith Díaz.
EL ÚNICO senador que seguramente no se moverá de su escaño es el sinaloense Enrique Inzunza, coacusado junto con Rocha Moya por colusión con el narco, pues ni modo de que renuncie al bendito fuero.
AHORA BIEN, lo que llama muuucho la atención es que una de las licencias que se otorgará mañana es la de Félix Salgado Macedonio, quien dejará su escaño (es un decir, pues casi no iba a sesiones ni a chambear) para buscar una candidatura morenista en Guerrero.
AL PAPÁ DE LA actual gobernadora ya le dijeron que no puede contender en la elección interna para la gubernatura, porque los estatutos de Morena lo prohíben.
PERO AUN ASÍ, Salgado Macedonio hará presión y tratará de demostrar que en una encuesta él gana y, de ser así, exigiría que se respete ese resultado.
OTROS DICEN que en realidad va a hacer bulto para forzar a que la candidata o candidato sea uno de los suyos, si no en el gobierno estatal, sí en la alcaldía de Acapulco, ya sea para su otra hija María del Sol o para él mismo.
VAYA QUE Félix no quiere soltar nada en la plaza. Y eso que en Morena decían que ya se habían acabado los cacicazgos. Sí, cómo no.
EL JARDÍN ELEVADO de Tlalpan es el vivo retrato de lo que es hoy por hoy el gobierno de la Ciudad de México. Veamos: la obra fue prometida como un derroche de arquitectura, funcionalidad y estética, pero lo único que derrochó fue dinero pues costó 2 mil millones de pesos. Es un espacio verde… con follaje de plástico. Se inundó el día de su estreno. Es un andador que se inauguró sin estar terminado, además de que carece de elevadores y ¡escaleras fijas! Dicho en pocas palabras: es un camino que no lleva a ningún lado. ¡Aaah!, pero tiene ajolotes pintados de morado.