Pasan los minutos que se convierten en años, y casi sin darme cuenta, ya anocheció o amaneció, y me saluda un día nuevo que se sumará a los que a diario van pasando.
A veces, me detengo en el tiempo, lo justo para pensar en esas personas buenas que se fueron uniendo, a esas que rescaté y separé por su valía en ese remolino sin tregua, porque merecían un sitio aparte.
Así, son las cosas que van pasando, los ciclos se cierran, a veces con alegría o pena creando un dejo de nostalgia. Otras, dejan una herida que lenta va cerrando, porque este mundo no excluye las traiciones. Y así, se acomodan en mi corazón como si conocieran su sitio de antemano.
Quisiera decidir las exclusiones, mas no es mía la elección. A veces, hay mariposas de colores mecidas en el viento, otras la furia de un relámpago desgarra mi cielo. Pero de algo si estoy segura, vine a aprender.
Así que, con paciencia, busco las respuestas que son hábiles en confundirse en mis pensamientos, porque no quiero quedarme solo en el sentimiento, en la deslealtad, en el engaño o el resentimiento y echar ahí mi ancla profunda. No, necesito avanzar a pesar de todo, la vida se escribe con el alma cicatrizada.
Porque sé que debo detenerme y hacer un inventario, vaciar mis cajones, descartar lo obsoleto e inservible y reutilizar. Abrir mis ventanas y dejar entrar el aire nuevo, Porque no admito que mis minutos nuevos estén viciados, necesitan la luz del sol y la esperanza nueva que ronda libando miel en lo útil y merecedor de un espacio.
Porque las personas se renuevan, las horas avanzan como las olas en un océano sin fin.
Y sé que soy un personaje más.
Por eso, he decidido ser un elemento que sume y no que reste, al que se le recuerde con cariño, ser un recuerdo rescatable cuando llegan las horas de la tarde. En las que el pensamiento, vuela con las nubes atravesando el cielo, sin dar señal ninguna del abandono de mi cuerpo, mi casa, que permanece quieto como si durmiera y estuviera soñando.
Porque las cosas van pasando, y yo también pasaré, no pretendo ser la primera, ni estar en el candelero. Opto por brillar en ti cuando me evoques y necesites una palabra, un refugio o un resguardo. Un lugar seguro al cual acudas para escapar de la ventisca, cuando se desate la tormenta.
Porque mi alma y corazón derribaron sus barreras al quererte, y te abren una puerta silenciosa invitándote a entrar. Y ya después, tranquilo, seguirás caminando porque el tiempo transcurre, las cosas pasan y tú, debes abrazar la vida.