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“Bienvenidos a todos… Solo quiero decir lo complacido que estoy de ver al presidente Salinas, de verlo de nuevo aquí, donde —creo que fue aquí— nos vimos por primera vez. Él llegaba como presidente de México y yo como presidente de los Estados Unidos. Hemos mantenido una estrecha amistad y compartimos posiciones en estos temas fundamentales. Así que es un privilegio especial para mí tenerlo de vuelta aquí, en Houston, Texas”.

George H. W. Bush

En abril de 1991, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari realizó una gira por Estados Unidos y Canadá. Su viaje marcó el inicio de la promoción de un tratado de libre comercio en Norteamérica. Visitó al presidente George Bush en Houston y al primer ministro Brian Mulroney en Ottawa. Había que vencer la oposición de los sindicatos norteamericanos y canadienses; tenía que convencer a los legisladores norteamericanos del beneficio que el libre comercio representaba para la región. Su mantra era “We want trade, not aid” (“Queremos comercio, no ayuda”). En esa ocasión nos tocó presenciar la capacidad intelectual y la preparación de Salinas. En México también había reticencia. La izquierda radical, que hoy representa a Morena, se oponía en todo; incluso Jorge Castañeda y Vicente Fox se oponían, tal vez por llevar la contraria, tal vez por ignorancia de lo que el TLC iba a significar para el país.

El joven presidente mexicano dominaba la escena con su preparación académica, su conocimiento de la economía y su capacidad política, en parte aprendida en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. Bush y Mulroney lo trataban como a un igual, con un gran respeto intelectual, con la ventaja de que Salinas hablaba un inglés perfecto.

Recuerdo una conferencia que dio en Harvard; recuerdo su elocuencia y su dominio de los temas. Era una de las personas más inteligentes y preparadas que había conocido hasta entonces. Han pasado 35 años desde esa fecha y no he conocido a muchos con su talento. Una de las paradojas de la política es que hoy quienes atacaban desde la izquierda la política neoliberal de Salinas están luchando con todo para mantener el libre comercio en Norteamérica. Son neoliberales, pero no se han dado cuenta. El invento nos convirtió en el principal proveedor mundial de Estados Unidos. Desplazamos a China, Alemania y Japón. Somos su principal socio comercial.

George Bush, presidente republicano, apoyó en todo a Salinas, pero quien vino a darle la solución al proyecto fue el presidente Bill Clinton, quien hizo campaña personal entre los congresistas norteamericanos para que votaran a favor del TLC. Comenzaba la mayor integración económica de México. El tiempo le dio la razón a Salinas en su diseño económico para el futuro; lo que nunca previó fue el estallido del EZLN en Chiapas y el magnicidio de Luis Donaldo Colosio.

Hablar de revisar cada año el tratado vigente no representa más que fuegos fatuos para que el gobierno de México y su presidenta se alineen con la política del presidente Donald Trump. Salinas decía que el comercio no es una ecuación de “suma cero”, en la que lo que gana uno lo pierde el otro. El comercio es “ganar-ganar”.

El problema es que un gobierno creyó que el comercio de estupefacientes podría generar divisas sin afectar al país. Al menos, nunca hubo un combate frontal contra ese comercio de la muerte. Donald Trump, quien tiene un buen olfato político, aprovechó para presionar a México desde todos los ángulos para detener la migración y reducir el narcotráfico.

(Continuará)

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