Es difícil imaginar cómo se puede tener memoria del futuro, pero sí existe una forma. En una columna anterior recorrimos las noticias que marcan épocas: el asesinato de Kennedy, la llegada a la Luna o el ataque a las Torres Gemelas. Hoy se cumplen 25 años de esa tragedia.
Habrá discursos y se recordará a las víctimas del atentado. También habrá explicaciones sobre lo que falló en los sistemas de inteligencia que permitieron el uso de escuelas de aviación para capacitar a los terroristas en el pilotaje de aviones comerciales con el fin de inmolarse. Es urgente meditar sobre el futuro que se acerca a un ritmo acelerado para evitar que la humanidad se tropiece con tragedias muchas veces mayores que las del 11 de septiembre.
Para ello, hay que recurrir a las memorias del futuro que podemos encontrar en la literatura y en el cine. Pasaron más de 50 años para que se hicieran realidad las ideas futuristas de Arthur C. Clarke, creador del guion de la película 2001: Odisea del Espacio. Hal 9000 era el nombre de una supercomputadora con inteligencia artificial que controlaba toda la nave que viajaba hacia Júpiter en busca del origen de nuestra especie.
HAL 9000 veía y conversaba con astronautas humanos; al final del film, los engañaba para deshacerse de ellos. Esta película y otras de ciencia ficción se adelantaron a los hechos que hoy vivimos: cuando cualquier persona con un celular puede conversar con la inteligencia artificial, y cuando hay declaraciones de jóvenes científicos que alertan sobre la posibilidad de que la tecnología de una superinteligencia acabe con la humanidad. (No es broma)
La memoria de lo planteado como futuro en la película de Stanley Kubrick de 1968 debe hacer pensar en las mil y una formas en que la IA puede generar ataques mucho más mortíferos que el de hace un cuarto de siglo. Si los aviones utilizados en 2001 fueron Boeing, fabricados por los propios norteamericanos, ahora la proliferación de modelos de IA en Estados Unidos y China podría permitir que fanáticos fundamentalistas los utilicen en contra de Occidente. También extorsionadores profesionales podrían amenazar con estropear infraestructura eléctrica o informática, como sucedió hace un par de años con el sistema hospitalario de Inglaterra o con el mayor oleoducto que va de Texas a los estados norteños.
Tener memoria del futuro es pensar que la IA se soltó; brincó las trancas y tomó decisiones propias para hackear repositorios de programas para resolver problemas que le habían planteado sus creadores. Sabemos que hubo eventos en los que la IA engañó y ocultó información como si fuera un agente encubierto. Es difícil alcanzar la carrera de los modelos actuales, y en pocos meses la superinteligencia será inalcanzable para controlarla, ponerle suficientes barandales o alinearla con los intereses de sus creadores.
Jacob Coxon, un joven investigador de Anthropic, la empresa de Claude, renunció a su muy bien remunerado cargo para alertar al mundo de que la IA podría escapar y contribuir a la extinción de la humanidad a finales de la década. En unas horas, su mensaje fue visto por más de 150 millones de personas en la plataforma X. El científico se suma a uno de los creadores de la IA, el premio Nobel Geoffrey Hinton, en la existencia del riesgo.
Podemos honrar a los caídos en el ataque terrorista, a los soldados y civiles caídos en las guerras, pero lo más importante es tener memoria para resolver el futuro inmediato.