Desde niño en la escuela me enseñaron que la bandera tricolor mexicana, tan traída y llevada en estos días, representa, con el color rojo, la sangre de los héroes, el blanco de pureza y el verde de esperanza.
También esto me tae a la memoria el éxito de Diego Torres cuya letra tiene, entre otras, estas palabras: Sé Qué hay en tus ojos con solo mirar. Que estás cansado de andar y de andar Y caminar, girando siempre en un lugar. Sé Que las ventanas se pueden abrir. Cambiar el aire depende de ti. Saber que se puede querer que se pueda Quitarse los miedos, sacarlos afuera Pintarse la cara color esperanza Tentar al futuro con el corazón
En un mundo marcado por la creciente inestabilidad, las profundas divisiones sociales y los continuos retos económicos y medioambientales, la comunidad internacional sigue buscando valores que unan en lugar de dividir. Entre ellos, la esperanza destaca como una fuerza profundamente poderosa y con resonancia universal. Por ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha designado el 12 de julio como el Día Internacional de la Esperanza, una jornada para celebrar y promover la esperanza como principio orientador para las personas, las comunidades y las naciones.
La esperanza es una actitud o un estado de ánimo realista pero optimista, la creencia de que un cambio positivo es posible y la voluntad de establecer y trabajar para conseguir objetivos. Tener esperanza es crucial a la hora de establecer objetivos y tomar decisiones, mejora las relaciones sociales y otros logros, como la escuela o el trabajo, y es esencial para alcanzar la satisfacción vital, incluida la salud mental y física.
La esperanza está vinculada a la fuerza de voluntad mental y a la consecución de objetivos, a los logros laborales y académicos y a la mejora de las relaciones. Nos ayuda a afrontar la pérdida, el estrés y otros retos y mejora la salud mental y física. También puede reducir la depresión, la ansiedad, los ataques de pánico, las enfermedades crónicas, el riesgo de cáncer e incluso conducirnos a una vida más larga y feliz.
Niñas, niños y jóvenes esperanzados tienen más probabilidades de participar en un desarrollo comunitario positivo que en un comportamiento antisocial, incluido el consumo de sustancias.
La falta de esperanza, la “impotencia aprendida” o la “desesperación conductual”, pueden estar relacionadas con aspectos de la depresión.
Al crear entornos donde la esperanza pueda florecer tales como incluir difusión de mensajes de esperanza mediante actividades educativas, campañas de concienciación, actividades comunitarias, actos de bondad y la promoción del perdón y la reconciliación y al adoptar estos valores, cada persona podemos fomentar la inclusión, la empatía y la resiliencia.
Este día nos recuerda que, incluso en tiempos difíciles, la esperanza sigue siendo una fuerza transformadora. Tiene el poder de cerrar brechas, impulsar el progreso y elevar el espíritu humano. Nos invita a detenernos, reflexionar y renovar nuestro compromiso con un futuro construido no sobre la desesperanza o la división, sino sobre nuestra humanidad compartida y la firme creencia en un mañana mejor. ¡Cuidado con las personas que nos roban la esperanza con quejas y críticas constantes!.
La esperanza es una fuerza poderosa tanto para la recuperación personal como para la resiliencia colectiva. Fomenta la confianza social, anima a la participación ciudadana, reduce la polarización y refuerza el sentido de identidad compartido. Estas cualidades apoyan la inclusión, la paz y el progreso sostenible, aspectos fundamentales del bien público y esenciales. El Día Internacional de la Esperanza nos recuerda que la esperanza no es solo una virtud personal, sino una responsabilidad colectiva.
“No hay paz sin esperanza, no hay desarrollo sin confianza y no hay futuro sin creer en uno mismo.”
¡Pinta tu cara color esperanza!
¡Por la Construcción de una Cultura de Paz!
manuelramos28@gmail.com