Difícil nos resulta determinar si son o se hacen. Los mensajes de allá para acá no pueden ser más claros: dijo el Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer: “Al presidente Trump le resultaría difícil aceptar una renovación del T-MEC, o incluso una revisión, si México no colabora en todas las áreas”.
No sabemos en qué diccionario pepenan sus definiciones la presidenta Sheinbaum y el Secretario Ebrard, pero “todas” quiere decir ¡Todas! Lucen ingenuos cuando sale la Señora Jefa de nuestras Fuerzas Armadas con que le pidió a Ebrard “que le explicara” a la delegación norteamericana las razones por las que no debe haber aranceles para México.
Tal parece que hablan idiomas muy distintos: ya explicó Greer que el que haya o no aranceles depende de que exista cooperación del Gobierno mexicano en todo con el norteamericano. No se trata de razones, ni de explicaciones, no es tema de rollo o de argumentación: Trump quiere ver que México deveras ayude a Estados Unidos a lograr sus metas en todos los frentes. Quiere que México entregue el agua que le debe a EU, que pare el flujo de inmigrantes, que frene el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, y que entregue -por lo pronto- a los Diez de Sinaloa.
A buen entendedor pocas palabras, ese “todo” no admite excepciones, tampoco argumentos. Es un desperdicio de tiempo y esfuerzo tocar temas que no moverán la aguja en el manómetro de Trump. No hay argumento que lo convenza, que no sea el cooperar “en todo”.
Sí, se reconoce, la Administración Sheinbaum ha cooperado en mucho, solo que mucho ¡No es todo! Entenderíamos si los esfuerzos del Sheinbaumato se enderezaran hacia lograr que Trump acepte el “mucho” en lugar del “todo”: haría el blanco mucho más accesible y correspondería a un esfuerzo lógico.
No tan lógico resulta pretender cambiar argumentos comerciales en sustitución del “Todo” que quiere Trump. Conste, no hablamos de lo que debiera ser, y si Trump tiene o no derecho a demandar del Gobierno mexicano lo que pretende. Hablamos de lo que hoy día es, de la realidad, del espacio diplomático que ocupamos dentro de la “Realpolitik” en este julio del 2026.
No le vemos el caso de expender esfuerzos en un terreno que no es el que corresponde con la realidad que vivimos. No nos toca convencerlos de nada: nos toca solo cumplir o no cumplir.
El mundo entero ha sido testigo que ha habido -y hay aún- reticencia por parte de la cuatroté a cumplir una parte importante de la cooperación que ha pedido Trump a Sheinbaum: entregar a los Diez de Sinaloa. Esto se rehúsa a hacer, protege a sus correligionarios, pretende blindarlos con el escudo de la soberanía y blandir la espada del “injerencismo” para mantener alejadas a las tropas justicieras del Distrito Sur de Nueva York.
Tampoco ha entregado el agua que le debemos a EU de acuerdo al tratado de 1944 y además nuestra frontera sur dista mucho de encontrarse cerrada, es más bien un ente poroso por el que entran contrabando, personas, armas y hasta explosivos y personal de la ex guerrilla colombiana reclutado por cárteles mexicanos.
Desde el punto de vista norteamericano puede argumentarse que existen áreas en las que el Sheinbaumato no coopera. Ni decimos que así sea o no, pero a los ojos de Trump hay enormes huecos que hemos dejado (o que ha dejado nuestro Gobierno) incumplidos.
De esto se puede derivar la suposición de que Trump no está contento con el Gobierno de Sheinbaum, que espera más de él, y que el progreso de las negociaciones del T-MEC van apareadas no a la calidad de la argumentación que esgrima Marcelo Ebrard, sino al grado de cooperación de la presidenta Sheinbaum ante las expectativas del presidente Trump.
Esto tal como se lo expresó ayer el Representante Comercial, Jamieson Greer, quien no pudo haber sido más claro: “¡Cooperación en todo!”. Puede que demandar esto de un Gobierno amigo y soberano sea desmedido, puede que no proceda mezclar un tema con otro, claramente hiere nuestra dignidad, pisotea nuestro orgullo nacional: ¡Concedido! ¡Todo esto y más!
Sin embargo, es lo que es: no hay universo alterno, no podemos escapar a esta realidad. O la sorteamos picudamente para salir ganones: o se hunde México con todo y banderas izadas, trompetas sonoras y con nuestras verdades razonadas como impolutos blasones como ataúd.