La editora en jefe de la revista inglesa *The Economist*, Zanny Minton Beddoes, fue a Texas, a la Gigafactory de Austin, para entrevistar a Elon Musk. Él predice que en 10 años el mundo será otro, dominado por robots con inteligencia artificial. La entrevista tuvo dos partes: la visión del futuro de la humanidad ante la potencia creciente y acelerada de la IA y la concepción de la política mundial de quien tiene ese futuro en sus manos.

Musk piensa que en 10 años viviremos una superabundancia gracias al trabajo mecánico de los robots, gobernados por una inteligencia que será mucho mayor que la suma de toda la inteligencia humana. No habrá tarea que podamos hacer mejor los humanos que la IA robotizada. El trabajo será “opcional”, algo para pasar el tiempo de manera agradable, como hacer jardinería en casa, dice Musk. “La producción aumentará tanto que superará la demanda de bienes y servicios; el problema no será la inflación, sino la deflación; el dinero no tendrá mucho sentido”, dice el empresario más importante de la historia.

Minton Beddoes le pregunta cómo tendrán ingresos los ciudadanos si el trabajo se limita a las máquinas. Musk piensa que el gobierno tendrá que extender los pagos universales a todos los ciudadanos. Salvo que una guerra mundial descarrile el destino que Musk pinta, viviremos sin pobreza ni apremios económicos. La IA resolverá los problemas más grandes, como administrar las empresas de Musk. La periodista inglesa dice que el mundo está inquieto por el futuro de su empleo, ya que la IA se convertirá en la fuerza dominante.

Musk, con su forma extrema de pintar la realidad, dice que seremos como chimpancés que intentan entender a los humanos. “La singularidad es como un hoyo negro que no comprendemos y que llegará pronto”. El largo plazo para Musk no es de 30 o 40 años, sino de 5 o 10. La singularidad, según Ray Kurzweil, se define como la IA que genera más IA sin intervención humana: los robots que perfeccionan a otros robots.

¿Cómo prevenir desastres? ¿Cómo evitar que se salga del control de sus creadores?, pregunta Minton Beddoes. La discusión debe darse entre nosotros, los líderes de las plataformas de frontera, como Demis Hassabis, de Google; Sam Altman, de OpenAI; Dario Amodei, de Anthropic, o Mark Zuckerberg, de Meta. Musk dice que las cosas van tan deprisa que los gobiernos no cuentan con personal capacitado para comprender qué puede y debe controlarse. “Aunque quisieran, no podrían detener el avance de la IA”, dice Musk.

Otra predicción es que China avanza y cada día está más cerca de contar con modelos iguales o superiores a los norteamericanos. El gobierno de Estados Unidos puede prohibirlos en su territorio, pero no en todo el mundo. La ecuación de la IA es igual a la energía más la potencia de cómputo. China tiene energía y pronto tendrá igualdad en capacidad de cómputo, dice Musk.

Si bien la parte técnica de los negocios de Musk, así como sus aspiraciones de llevar la conciencia fuera de nuestro planeta y colonizar Marte, fue iluminadora, hubo una discusión política en la que salieron chispas. Minton cuestionó los mensajes “ultraderechistas” de Musk sobre Europa, en particular sobre Inglaterra, con descripciones erróneas de su futuro. Minton enfrentó al hombre más rico y uno de los más poderosos del mundo; Musk se defendió y puso todo su peso en la discusión, que se volvió personal y, en ocasiones, injuriosa. “La gente lo odia en Europa”, dijo Minton Beddoes. “A usted y a la prensa los odian más”, contestó Musk. El largo plazo se hace corto. El tiempo se comprime. En eso, Elon tiene razón. Al final, estuvieron de acuerdo en que la entrevista fue divertida.

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