Hasta antes de la invasión rusa a gran escala contra Ucrania, Maksym Maksymov llevaba una vida muy distinta. Hoy, cuando han pasado más de cuatro años desde la agresión injustificable del gobierno de Vladimir Putin contra su país, se dedica a una tarea devastadora: rescatar a miles de niños ucranianos secuestrados, trasladados o retenidos por Rusia con fines siniestros.
Maksymov es todavía joven, pero ya tiene el pelo encanecido. Habla con ritmo pausado y metódico. Así, describe horrores.
“Nuestra misión puede definirse así: encontrar, rastrear, devolver y reintegrar a todos los niños ucranianos robados por Rusia”, me dijo.
Maksym Maksymov es uno de los responsables de Bring Kids Back UA, la iniciativa del gobierno de Ucrania dedicada a localizar, regresar y reintegrar a los niños ucranianos deportados, trasladados o retenidos por Rusia. Hablé con él hace unos días para Ciberdiálogos, mi espacio de entrevistas en Letras Libres. Trabaja desde el entorno de la Oficina del Presidente de Ucrania y ha llevado esta denuncia ante gobiernos, organismos internacionales y el Senado de Estados Unidos. Hoy es una de las voces centrales de Ucrania en la denuncia del robo, adoctrinamiento y militarización de niños ucranianos.
“La escala del desafío que enfrentamos no tiene precedente”, me dijo. “Nuestra estimación es que, dentro de los territorios controlados por Rusia, hay aproximadamente entre 1.5 y 1.6 millones de niños ucranianos. Eso incluye a los niños que han sido trasladados por la fuerza dentro de los territorios ocupados o deportados a Rusia. El cálculo de Ucrania es de al menos 20,000 casos de ese tipo”.
El secuestro de miles de niños ucranianos no es solamente un mecanismo de desplazamiento forzado. Se trata, de acuerdo con Maksymov y con análisis internacionales diversos, de “un sistema de rediseño deliberado de la población joven”. El trabajo de Bring Kids Back UA ha identificado distintas herramientas. “Sus documentos suelen ser modificados. ‘Petro Petrenko’ se convierte en ‘Petro Petrov’, con un nombre y apellido rusos. Los niños deportados o trasladados son muchas veces dispersados por todo el territorio de Rusia, lejos de Ucrania”, me explicó Maksymov.
Los niños ucranianos entran en un sistema que Rusia describe como “educación patriótica”, un eufemismo que, en realidad, encubre reeducación y adoctrinamiento político. Maksymov pone un ejemplo.
“Imagina a un niño de 14 años que crece en la región de Donetsk. Ha vivido 14 años sabiendo qué es Ucrania, qué es Rusia y qué es el mundo. Entonces llegan las autoridades de ocupación y le dicen que todo lo que cree está mal. Si habla ucraniano, lo castigan. Si va a una iglesia ucraniana, lo castigan. Si tiene banderas ucranianas en su iPhone, lo castigan. Lo reprimen y lo presionan para que crea la versión rusa de las cosas”.
Rusia ha seguido “un enfoque puramente colonial”, dice Maksymov. “Capturas el territorio, impones tu ideología en ese territorio y tratas a las personas que has capturado o conquistado como trofeos”.
La organización en la que participa Maksymov ha logrado devolver a aproximadamente 2,400 niños ucranianos. El proceso que sigue es tortuoso. “Vuelven en muy mal estado”, me dijo. “Han visto cosas que ningún niño debería ver. Con frecuencia han sufrido abandono médico, en el sentido de que no recibieron servicios de salud de calidad mientras estaban bajo control ruso. Y, por supuesto, está el problema de la fractura de identidad”.
Cuando esos niños regresan, explicó Maksymov, Ucrania no intenta “reprogramarlos”. Intenta algo mucho más elemental y mucho más difícil: devolverles confianza. “Después de todo lo que han vivido, no confían en nadie”, me dijo.
Lo que describe Maksymov es una política deliberada: deportar, adoctrinar y militarizar niños para borrarles el origen y convertirlos en instrumentos de un proyecto imperial. “Sin atención no hay acción”, me dijo. Tiene razón. Podemos empezar, en un México tan proclive a caer en la narrativa de la propaganda rusa desde hace años, por abrir de una vez los ojos.
@LeonKrauze