Aunque el país está estancado en el crecimiento interno, las exportaciones muestran un dinamismo inusitado. Durante el primer semestre del año, las ventas al exterior aumentaron un 24.6 %, alcanzando los 389 mil millones de dólares. Parece una locura. Mientras Donald Trump monta en cólera por el superávit comercial de México, nuestro país se ha convertido en un paraíso para los exportadores.
Hace 30 años, México dependía de sus exportaciones de petróleo; podemos recordar la crisis económica de 1986, cuando los precios mundiales del crudo se redujeron y nuestra economía sufrió mientras echábamos porras a la selección nacional. Todo el sexenio de Miguel de la Madrid estuvo marcado por un doloroso ajuste, pues habíamos confiado en la riqueza petrolera. Hoy los números son extraordinarios. Las exportaciones petroleras apenas llegan a 10 mil 900 millones de dólares en el primer semestre, con una variación anual a la baja del 2.9 %.
En contraste, las importaciones de petróleo y sus derivados llegaron a 26 mil 210 millones de dólares. La relación advierte que tenemos una dependencia en energía.
Si vemos el crecimiento de junio, es aún más espectacular porque el mes pasado exportamos un 34.4 % más que en el mismo mes del año pasado. Con la buena noticia de haber diversificado las ventas de manufacturas, ahora las exportaciones automotrices dejan paso a otros productos, como los necesarios para centros de datos.
Si se mantiene el buen ritmo de crecimiento, alcanzaremos cifras históricas de hasta 800 mil millones de dólares al año, lo que enfurecería aún más a Trump. Por fortuna, los mercados hacen caso a las oportunidades y no tanto a las amenazas. Las empresas multinacionales y mexicanas observan las ventajas competitivas del país, no solo por la mano de obra barata, sino por varias razones: paz laboral, aumentos en la productividad gracias a la misma tecnología y, claro, un tratado de libre comercio sin aranceles en el 85 % de lo que exportamos, según lo menciona el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Una historia distinta se presenta en el mercado interno, donde, en mayo, el Indicador de la Actividad Económica registró una caída; tenemos una carreta que apenas se mueve en el mercado interno y un Ferrari en las exportaciones. Tal vez por eso la imagen del gobierno y de la presidenta Claudia Sheinbaum pierden terreno. La encuesta mensual que realiza Bloomberg sobre la percepción de los gobernantes latinoamericanos ubica por primera vez a la mandataria por debajo del 50 %, en 49 %. La encuestadora AtlasIntel, que había medido una aprobación del 53 % de la presidenta en mayo, registró un descenso de 4 % en junio. En pocos días sabremos si hubo recuperación en julio.
Según Bloomberg, la primera preocupación de los mexicanos durante junio fue la corrupción, pero la inseguridad cedió el paso a la economía como angustia cotidiana. A pesar de que los indicadores del Inegi marcan una reducción sensible, cercana al 3 %, los aumentos acumulados pegan en el ánimo de la gente.
El secretario Ebrard logra torear a los funcionarios de Trump. Está cumpliendo su tarea como ningún otro funcionario. Durante el sexenio de López Obrador fue el bombero, el ejecutivo que sacaba adelante los encargos. Lo curioso es que viene de la misma hornada de funcionarios públicos que trabajaron y se curtieron en la política con Carlos Salinas de Gortari, artífice del tratado comercial más importante desde los acuerdos de la Unión Europea.