En un nuevo intento de tutelar los contenidos de los medios de comunicación, el gobierno propone leyes para defender “el derecho de las audiencias”. Le traté de poner coco al término, de investigar cómo los televidentes, radioescuchas, lectores o navegantes de las redes sociales pueden ser defendidos de lo que ven, escuchan, leen y escrolean.

Por más que quise, no encontré el sentido de la propuesta más allá de un nuevo intento de censurar o regular los medios, algo imposible en una sociedad abierta. Si uno se  piensa parte de esa audiencia, no vemos cómo las leyes pueden proteger de escuchar las simpáticas barbaridades que dice Chumel Torres, o las noticias escandalosas de TV Azteca, cuyo contenido es 100 % anti-4T. Imposible determinar cuándo los noticieros o los programas de opinión nos “chamaquean” con sesudas afirmaciones del representante de Morena en Radiofórmula. Incluso de las afirmaciones dudosas que se expresan en la mañanera. Ahí también hay audiencias.

¿Por qué el gobierno comienza esa defensa de las audiencias solo en radio y televisión, que son concesionarios de frecuencias que otorga el gobierno? ¿Por qué no nos defienden de Youtube, X, Instagram, TikTok, Facebook y de todo lo que nos llega por WhatsApp?

Si fuera funcionario público o consejero presidencial, estaría muy preocupado por lo que se dice en TV Azteca. La televisión abierta aún tiene un gran alcance entre la mayoría del público y sus contenidos ahora están disponibles durante más tiempo en las redes sociales. Ningún gobierno tuvo un enemigo declarado en la televisión abierta. Televisa, aunque tiene algunos programas de opinión interesantes, no es un “adversario” de la 4T. Es una empresa que nunca se mete en temas graves ni hace periodismo de investigación en profundidad; prefiere llevar la fiesta en paz con todos los gobiernos, independientemente de su partido o color político.

Nunca un presidente ni un partido en el gobierno tuvo un adversario tan formidable como TV Azteca. En otros tiempos le hubieran bajado el switch como lo hizo Luis Echeverría con el “incómodo” Excélsior. Otros medios concesionados, como Radiofórmula y MVS, también representan posturas antagónicas. Azucena Uresti, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Pepe Cárdenas y otros presentadores de noticias abren más espacios a la crítica que a los defensores de la 4T. Son medios vibrantes. Comprenden que el éxito de sus programas radica en seguir, con años de experiencia periodística, lo que sus “audiencias” esperan de ellos. No necesitan algoritmo. El otro gran adversario es Latinus, pero no depende de una concesión y es probable que sea una empresa con sede en Estados Unidos.

Confieso: hace años que no veo televisión abierta. El algoritmo de las redes lleva mucho tiempo descubriendo preferencias y siempre dirige la atención a los contenidos y a la publicidad que pinchamos. Estamos indefensos ante nuestras propias debilidades y gustos, ante el historial de nuestras “visitas” en las redes sociales. El mundo que nos rodea en las redes es uno creado por nosotros mismos y retroalimentado por el algoritmo. Los técnicos le llaman un “echo chamber”, un fenómeno de eco que nos devuelve los temas que buscamos, una y otra vez.

De entrada, todos los medios y comunicadores que trabajan en empresas concesionadas están en contra de lo que podría convertirse en un instrumento de censura, sobre todo ahora que se avecinan las elecciones de 2027. Aun cuando tuviera aspectos positivos, sería imposible atender a miles de quejas que se les ocurrieran a tirios y troyanos. La norma no tiene pies ni cabeza. (Ojo, es una opinión)

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