Por fin nuestro estado salió del fondo de la lista de entidades con mayor criminalidad. No es poca cosa, pero todavía falta mucho para pacificar Guanajuato y llevarlo al lugar que merece. Los números lo dicen todo: de 14 homicidios diarios que tuvimos en enero de 2020, en julio pasado la cuenta se redujo a 4,3. ¿Cómo se logró? El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, comentó en una entrevista radiofónica que los homicidios comenzaron a bajar en febrero de 2025, cuando detuvieron a tres miembros del crimen organizado. Con solo tres detenciones importantes comenzó la reducción de la violencia.

Antes, cuando gobernaba Andrés Manuel López Obrador, toda la carga del fracaso en Guanajuato la hacían recaer en Carlos Zamarripa, exfiscal del estado. Eso, mientras todo el país se pudría por la ruptura de las instituciones y la ingrata máxima de dar “abrazos y no balazos”. Ahora hay un esfuerzo compartido en el que la gobernadora Libia García está de verdad comprometida con las autoridades federales. Mientras Diego mandaba al diablo a las instituciones federales, AMLO quería enviar al infierno a Zamarripa.

La otra cara de la moneda son las desapariciones, que estadísticamente se convierten, en su mayoría, en muertes de mujeres y hombres enterrados en fosas clandestinas. Ese es el siguiente paso: lograr que las desapariciones forzadas se reduzcan hasta llegar a cero. Son miles las madres en busca de sus hijas e hijos perdidos. Una tragedia que, en cierto sentido, es peor que los asesinatos. Para los familiares de los desaparecidos, la vida se convierte en un infierno cotidiano, en una tortura sin fin, mientras desconocen el destino y el paradero de sus hijas, hijos, padres, hermanos, hermanas, nietas y nietos. Muchos de ellos siguen bregando en la vida con el solo propósito de dar digna sepultura a sus familiares.

La indolencia de AMLO y de Diego Sinhue Rodríguez, en el periodo de 2018 a 2024, fue criminal. Guanajuato se mencionaba a diario como el lugar donde más homicidios sucedían. Teníamos el primer lugar en violencia, masacres y sufrimiento. Siempre que sugerimos cambios e imploramos que Guanajuato cambiara de rumbo y tomara como ejemplo a estados exitosos como Coahuila, el gobernador pretextaba que “tenía confianza” en sus subordinados, mientras la entidad alcanzaba un promedio de 10 muertos diarios.

Si Libia García logra una disminución mayor de la violencia y la criminalidad, con la ayuda de la Federación, habrá logrado mucho más que con las entregas en efectivo de las tarjetas rosas. Si coloca a Guanajuato entre las entidades más seguras del país, cumplirá, como ningún otro gobernante, la tarea primera de un mandatario: brindar paz y seguridad a sus gobernados.

En AM y Al Día tuvimos que hacer un esfuerzo cotidiano para registrar todos los homicidios dolosos desde el 1 de enero de 2018. Al final del sexenio de Miguel Márquez Márquez, el gobierno reportó menos muertos de los que había. Recuerdo la cifra: mientras reportaban mil 500 homicidios en 2017, en AM registramos más de 2 mil, cifra que después fue corroborada por el Inegi, que da seguimiento a las actas de defunción y sus causas. Era un engaño ostensible que se corrigió de inmediato a partir de 2018, cuando registramos, día a día, los reportes de todo Guanajuato. Fue entonces cuando los números comenzaron a coincidir. Le fue imposible al gobierno esconder los muertos, asunto que consideramos un crimen, porque quiso lavarse la cara torciendo las estadísticas.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.