Si observan analíticamente, amigos lectores, en asuntos recientes tanto el Gobierno de México como el Ayatola de Irán y la Guardia Revolucionaria están realizando la mismísima apuesta. Irán en guerra con Estados Unidos y México en abierta disputa comercial y geopolítica con EU pretenden comprar tiempo en espera de que los republicanos (y Trump) pierdan el control -mínimo- de la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término.
Esperan tensando las relaciones, se rehúsan a ceder en lo más mínimo ambos, en la creencia de que si ganan tiempo les irá mejor. Todo lo que necesitan es hacerse patos, cada quien en sus “negociaciones”, durante OCHENTA y DOS días más.
Le apuestan a que sin la capacidad de legislar nuevas leyes al perder la mayoría, muy probablemente en la Cámara de Representantes, y con un Congreso en el que los demócratas incrementen su presencia en los Comités y el control sobre ellos al convertirse en mayoría (sobre todo en los de Comercio, Presupuesto, Apropiaciones, Defensa y Relaciones Exteriores), Trump quede con las manos atadas.
La tirada de ambos países es sobrevivir de aquí a noviembre, pues piensan que si lo hacen librarán lo peor. Al único pitoniso al que nosotros le creemos es al de Omaha (Warren Buffett), por lo que se antoja que pudiera O NO suceder lo que creen los líderes islámicos y los totonacas que ocurrirá.
Lo primero que observamos es que en estos 82 días que faltan pueden suceder muchas cosas -incluso hasta pudiera aprender a hablar el burro-, o sea que, si bien esperar conforma una táctica, tampoco es “la” táctica segura, pues tres rounds son suficientes para que alguien como “El Canelo” te ponga de moretones como al perico que quedó atrapado en la lavadora durante el ciclo de “lavado industrial”.
Lo segundo es que los demócratas que tienen posibilidades de ganar asientos y posiciones, como lo vimos en primarias recientes, pueden concordar en los puntos clave con sus rivales republicanos. No van, por ejemplo, a apoyar medidas que debiliten la política exterior estadounidense o que les ayuden a los percibidos enemigos de Estados Unidos, como los radicales fundamentalistas de Hamas o Hezbolá… o los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación.
Dudamos mucho, por ejemplo, que ablanden la postura del actual Gobierno en contra de las acciones detrimentales a la salud de la población norteamericana que representan los cárteles mexicanos.
Pudiera haber -sí- un cambio en cuanto a, por ejemplo, la postura trumpiana respecto a aranceles a los productos o insumos que los norteamericanos requieren para sostener su empuje económico. Como ustedes saben, México y Canadá son los mayores proveedores del sector agrícola norteamericano. Aranceles desmedidos impactarían fuerte y negativamente a los productores y consumidores de allá. En elevar gravámenes que afecten a México, por lo tanto, los demócratas no estarían de acuerdo.
La suma y conclusión es que apostarle tan fuerte a una estrategia que puede derivar en un resultado incierto, incompleto o improbable, nos parece disparatado. Quizá Irán no tenga otra opción, ya que su pugna es bélica: misil contra misil. Por el contrario, México SÍ TIENE opciones: puede evitar aún las consecuencias más onerosas de la andanada de escollos que un muy disgustado Trump nos coloca.
Otro ejemplo: es altamente probable que -DE NUEVO- la FAA norteamericana DEGRADE a México en seguridad aérea, lo cual derivará en problemas y la necesidad de alzar precios a las aerolíneas mexicanas, incluida la del Gobierno, “Aerosedena” (a.k.a., “Mexicana”).
Una situación así les otorga ventajas a las compañías extranjeras sobre las nacionales, las cuales, por ejemplo, no podrán abrir nuevas rutas hacia Estados Unidos al caernos la degradación de Grado I a Grado II. Ello, mientras que las extranjeras que les compiten SÍ PODRÁN. Cuchillito de palo tarda más, pero jode igual, así que el apostarle al tiempo y al resultado electoral de noviembre en Estados Unidos es jugarle a la RULETA ¡rusa! Puede que no pase nada, pero si llegara a pasar algo ¡nos resultaría catastrófico!
Injusto nos parece que la población que estos ineptos dicen defender acabe siempre pagando con consecuencias graves las ineptitudes de nuestros gobernantes.