“Para mi es un honor estar en esa pinche lista”.
Joaquín López Dóriga
Hay cosas que, con el tiempo, quedan marcadas en la historia como errores de gobierno. Luisa María Alcalde, la consejera jurídica de la presidenta Claudia Sheinbaum, publica listas de críticos del régimen. Periodistas, medios y políticos no gratos al segundo piso de la 4T.
La frase “no pago para que me peguen” de José López Portillo trascendió durante más de cuatro décadas y perdura hasta nuestros días. Las listas de Luisa María son una confesión inequívoca de lo que les duele a la presidenta Sheinbaum y a su equipo.
Joaquín López Dóriga es el más vehemente de los críticos de las listas. En su programa de Radiofórmula, al mediodía, puso como lazo de cochino a la consejera. Tuvo el tino periodístico de recordar las palabras de la presidenta cuando era jefa de Gobierno de la CDMX. Sheinbaum decía que las listas eran propias del macartismo, del fascismo y del nazismo. Cierto, todos los gobiernos tienen sus listas; es inevitable. Lo asombroso es que las publiquen con fines inciertos. López Dóriga exige que le informen cuál es la razón de enlistarlo a él y a un sinnúmero de críticos.
Carmen Aristegui también hace la misma reflexión y plantea la duda sobre cuál es la pretensión de Luisa María como brazo jurídico de la presidencia. Chumel Torres se sintió halagado por estar ahí, con Ciro Gómez Leyva, Azucena Uresti, José Cárdenas y otros comunicadores prominentes.
Hoy por la mañana, el tema inundará todos los noticieros, incluso los más serios, como los de Ciro, Azucena y Aristegui, que tienen millones de oyentes. Qué decir de las redes sociales, donde hay decenas de críticos como Carlos Alazraki, Ramón Alberto Garza, Adela Micha, Marco Legario Turcott y otros hipercríticos del sistema. Todos podrían formar un club, el de la “lista negra del gobierno”. Luisa María quiere alinearlos a todos y meterlos en un costal: quienes promueven millones de comentarios en redes sociales en contra del gobierno. No entendió lo que iba a provocar: la unión de voces disímbolas en un abucheo común en su contra. Si a los informativos de la mañana subimos los de la tarde, a Latinus y Alazraki, habrá un concierto de voces con el grito común: “¡Macartistas, fascistas, nazis, polpotianos, estalinistas y autoritarios!
Resulta extraño que la joven Luisa María, quien fuera secretaria del Trabajo y de Gobernación, no tuviera la sensibilidad para ver el problema que le crea a su jefa, la presidenta Sheinbaum. El primer disidente del ejercicio fue, con su voz golosa, el líder de la Cámara, Ricardo Monreal. El viejo lobo de la política se zafó del asunto. Muchos lo seguirán, condenando a Luisa María, enviándola al rincón de los castigados. Lo más interesante será la respuesta que dé la presidenta en la mañanera. Si apoya a su “consejera”, quedará muy mal con las palabras y las ideas de la política liberal que pregonaba hace apenas unos años. Lo más probable es que se deslinde de las listas, que diga que fue una mala idea y que se va a corregir; es lo menos que puede hacer.
Su colaboradora quedó en ridículo y su error será, como dijimos, parte del anecdotario nacional. Le dio a la oposición un arma formidable para que se uniera a los enlistados y formen un frente común.