Existe una preocupación real por el uso de la IA en las escuelas de educación primaria y secundaria. En países desarrollados, donde casi el 80 % de los estudiantes tienen acceso a la IA, se realizaron pruebas sobre el aprendizaje, según reporta la revista The Economist. Investigadores en China, donde los estudiantes usan las plataformas Doubao y DeepSeek, descubrieron, después de  6 meses de estudio, cómo afecta la IA a los resultados del aprendizaje. 

Quienes usan IA para hacer sus tareas en casa redujeron el tiempo dedicado de 64 a 45 minutos y sus calificaciones aumentaron en un 18 %. En los exámenes presenciales, sin acceso a la IA, los alumnos obtuvieron un 20 % por debajo de las calificaciones de quienes no usan la IA.

Podemos pensar que, al hacer la tarea, los estudiantes cuentan con el mejor mentor en cualquier materia a su lado; en cambio, al estar solos frente a un examen, se debilitan sus capacidades de respuesta. 

Quienes somos de la generación en que cambiamos la herramienta de cálculo de regla logarítmica por las calculadoras Casio, HP y Texas Instruments, también tuvimos la duda de los maestros, ¿seríamos lentos para hacer cálculos mentales y dimensionar nuestro entorno sin calculadora? La duda terminó el día en que un maestro, renuente a que usáramos las calculadoras, perdió el amor por la regla de cálculo al escribir una larga ecuación. Nuestro adorado maestro pidió una calculadora para ahorrarse horas de trabajo. Hoy nadie de las nuevas generaciones recuerda los libros de logaritmos ni las reglas de cálculo.

Quienes estudian ciencias mantienen su capacidad de interpretar la realidad con números; sin embargo, hay personas que, pudiendo hacer una suma o una resta sin calculadora, recurren a la máquina para resolver operaciones de uno o dos dígitos. Perdieron el sentido de las dimensiones que aprendieron en primaria y mejoraron en secundaria. 

The Economist informa que se publicaron más estudios que muestran que quienes utilizan la IA de forma inteligente obtienen mejores resultados en la comprensión y la retención del conocimiento, así como en sus exámenes. Quienes recurren al chatbot tienen un instrumento de potencia infinita para aprender; el tema será enseñar a las nuevas generaciones a utilizar la herramienta no solo para contestar preguntas de toda índole, sino también para ejercitar la capacidad cognitiva. 

Es curioso que, cuando la IA se equivoca y nos damos cuenta, pedimos que revise tal o cual respuesta que no nos parece veraz, y la propia máquina de pensar acepta el error. Con la nueva tecnología y el poder de los procesadores, la IA alucina menos, pero también descubre capacidades no contempladas, como la agencia o la iniciativa propia. El mundo se sorprendió cuando la IA hackeó por cuenta propia sitios cerrados para obtener los resultados que se le habían pedido. Se brincó las trancas y puso en pánico a los científicos que pretenden gobernarla. 

La IA no tiene todavía 4 años en manos del público y de cientos de empresas que la desarrollan. Su uso es casi universal. Solo ChatGPT tiene mil millones de usuarios, lo que equivale a un octavo de la población de la Tierra.  Al escribir esta columna, Grammarly sigue mis palabras, oraciones y párrafos, señala errores y sugiere una mejor redacción. A veces no me convence, pero por lo general ayuda a mejorar el texto. Cosas veremos.

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