Encuentra a AM más fácil en Google
Añádenos como fuente preferida y aparece más seguido en tus resultados de búsqueda
Añadir como preferido

Donald Trump hizo una jugada maestra con Venezuela para reponer sus reservas de hidrocarburos. Adquirió el derecho a unos 65 mil millones de barriles de petróleo de esa nación: un tercio de sus reservas. El trato permite a Estados Unidos duplicar sus reservas, lo que le dará unos 9 años más de consumo. Si se suman las reservas actuales de unos 84 mil millones de barriles, habrá reservas para al menos 20 años más.

Para Venezuela es un buen trato por muchas razones. A pesar de su riqueza petrolera, el país sudamericano no pudo capitalizarla para salir de la pobreza. Durante las últimas décadas del siglo XX, tuvo uno de los ingresos más altos del hemisferio, pero con el arribo de Hugo Chávez, todo se desmoronó. El populismo izquierdista no supo administrar la abundancia y quebró al país.

Con el acuerdo, Venezuela tendrá la mayor inversión de su historia, de hasta 120 mil millones de dólares, volverá a crecer y contará con recursos que hoy hacen falta en todos los sectores. Podrá explotar petróleo y gas, lo que le otorgará soberanía energética durante medio siglo. Sin la inversión, esa riqueza se habría perdido porque pronto tendremos fuentes de energía mucho más abundantes y económicas, como lo son la solar, la eólica y la geotérmica. Más adelante vendrán las pequeñas plantas nucleares y la producción ilimitada de energía mediante fusión nuclear. La IA ayudará a acelerar los procesos para obtenerla.

PDVSA, la empresa estatal petrolera de Venezuela, fue una fuente inagotable de corrupción y riqueza para los gobernantes del “Movimiento Bolivariano”, comenzando por el expropiador Hugo Chávez y luego por el lunático Nicolás Maduro.

Cuando Trump sacó a Maduro de Venezuela, sabíamos que no iba por la democracia ni por un gesto humanitario. Iba por el petróleo, cuyo destino podría ser China. La izquierda radical juzga desde ahora el trato como un rompimiento de la soberanía venezolana, una injerencia odiosa del “imperio” estadounidense sobre la muy bolivariana república. Pensamos que Venezuela no podía estar peor que bajo Maduro y su nefasta administración populista. Volverán la inversión, las multinacionales y, con el tiempo, los propios capitales que huyeron al extranjero tras las expropiaciones de Chávez.

En México tenemos que desprendernos de Pemex y de la CFE. Esa sería la decisión más importante para el futuro. Tuvimos la experiencia de Telmex, una empresa paraestatal que no podía ni con su alma antes de que llegara Carlos Slim. Recuerdo que había racionamiento de líneas porque no se invertía en conmutadores ni en el tendido de líneas, y que la corrupción y la mala administración estatal la tenían de rodillas, como hoy están casi todas las paraestatales.

La empresa cuyo lema es “Por el rescate de la soberanía” necesita ser rescatada cada año de enormes pérdidas que nos convierten en un país menos soberano y más dependiente de las importaciones de gas, gasolina y diésel. Durante los 8 años de la 4T, el gobierno perdió 1.6 billones de pesos. Su deuda acumulada asciende a unos 98 mil millones de dólares en bonos que hoy se consideran “chatarra”. Además, tiene deudas con sus proveedores por unos 374 mil millones de pesos. Eso después de los flujos constantes que ha entregado la Secretaría de Hacienda para sacarla del agujero.

El erario no puede con esos elefantes, que lo ponen en graves problemas, uno de ellos: la pérdida del grado de inversión de nuestra deuda pública y el crecimiento del país. (Continuará)

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.