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Ven, te digo, tú y yo, que quiero pasearte por el viento y quiero mostrarte el mar, deseo que capte tu mirada el reflejo del sol que de frente es imposible mirar.

Pero puedes sentir su calor, como sientes la vida impulsada por tu corazón que permanece oculto y aunque se esconde, anima tu vivir con un sin número de latidos que nunca atinaste a contar.

Te miro y tú me entiendes, te sonríes en silencio, como descubriendo mis secretos que ya no te son ajenos, porque te dejan mi puerta entornada queriéndote incluir.

Porque es poco lo que puedo decirte, las palabras terminan y se vuelve un cerco mi voz, más los otros sentidos que hay en mí, liberan mis limitaciones y entonces soy ala invisible, cuenco, camino, cielo sin fin. Solo dame tu mano para sostenerte, para juntas, romper dimensiones y minutos, y ser maleables e incorpóreas como dos gotas de cielo.

Ven a mis sensaciones adormecidas a visitar un mundo que se quedó escondido, corre conmigo sin edad ni tiempo entre esas veredas que sepultó el asfalto pero que están intactas en mí.

Y permite que me pierda en tu risa y nade en su algarabía como un pez de colores vivos, y penetres en esa emoción que se quedó vibrando como un acorde lisonjero que peina el aire, rítmico y feliz.

Ven a habitar en ese trozo de corazón alegre que sigue latiendo en mí. Ven, te invito a refugiarte a ese remanso de quietud que me acompaña a cada paso que doy.

Porque de ser así, en cada día irás conmigo y no sentiré que camino sola, aunque eso no lo capte otro entendimiento, solo lo sabremos las dos. Pero dime ¿quién sería capaz de comprender?

Porque no hay un guardián para las cosas invisibles, las que mejor perduran, las que acompañan, y rememoro y accedo por sus puertas abiertas que no me impiden entrar.

Un arrullo y un latido, entran en el sueño bajo la cadencia tenue de tus palabras, una presencia, la certidumbre que me arraigó a la vida y me hizo descubrir mi valor en la aceptación de tus palabras, en el lenguaje de tu mirada.

Por eso, es que quiero pasearte por el viento y mostrarte el mar, sin limitaciones, como no las tiene el viento, y recorrer el mundo confiada, contigo, tú y yo.

450 Historias de León

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