Tras ser hombre rico e influyente, Timón de Atenas se convierte en un ermitaño amargado que reniega de los antiguos amigos que han sabido aprovecharse de él y, además, han permitido su ruina. Convertido en un ermitaño que habita los bosques circundantes a la ciudad, un golpe de suerte le regresa su fortuna. Timón decide pasar de víctima a verdugo y dedicarla a su venganza. No sólo financia al ejército que Alcibiades ha reclutado, se dirige a los bajos fondos de Atenas para rodearse de prostitutas y ladrones a quienes anima a propagar enfermedades, violencia y corrupción. En esas escenas pronuncia estos versos:
The moon’s an arrant thief,
And her pale fire she snatches from the sun.
«La luna consumada ladrona,
su pálido fuego arrebata al sol.»
Igual que a Timón, tras casi cuatro décadas de exilio, la fortuna da un giro en la vida de Vladimir Vladimirovich Nabokov, respetado profesor de la universidad de Cornell. Tras la publicación de Lolita en 1955, obtuvo reconocimiento literario y un gran éxito económico que le permitió abandonar su trabajo académico y los Estados Unidos para afincarse definitivamente en la Suiza francófona. El título de su segunda novela es acaso un tributo a estos versos: Pálido fuego (1962).
Escrita como una edición académica de un poema homónimo de 999 versos, del poeta ficticio John Shade, Nabokov alude con esta cita a la arquitectura misma de su novela: la luna no produce su propia luz; refleja o “roba” la del sol. Del mismo modo, en Pálido fuego cada texto parece vivir de otro. El volumen contiene un prólogo, el poema, un extenso comentario y un índice preparados por otro personaje, Charles Kinbote. A medida que avanza la lectura, el comentario de Kinbote comienza a apropiarse del poema y en lugar de explicarlo, desarrolla la historia de un supuesto reino septentrional llamado Zembla, de un rey exiliado y de una conspiración para asesinarlo.
Kinbote se apropia del gran poema póstumo para desarrollar su ensayo histórico; Shade, en su momento, toma palabras de Shakespeare; y las notas que componen la mayor parte del libro transforman el significado del supuesto original. En ellas aparece y desaparece el autor sembrando nombres y brindando al lector un texto irónico, complejo y lleno de trampas de cuyos narradores debemos desconfiar desde un principio.
Con su maestría narrativa, Nabokov demuestra cómo el ser humano deforma el mundo para hacerlo encajar en sus obsesiones. Kinbote es el modelo ideal pues ve señales, conspiraciones y reflejos de Zembla por todas partes. El autor se burla de él, pero al mismo tiempo le concede una imaginación extraordinaria. Una mezcla de crueldad y compasión que nos aleja años luz del Timón ateniense.
La lectura se vuelve fascinante, pues Nabokov convirtió las convenciones aparentemente objetivas de una edición crítica con sus notas, referencias cruzadas, comentarios e índice, en los propios mecanismos de una novela. Su larga experiencia como profesor y lector profesional de literatura sirve aquí como materia para una parodia de cierta crítica académica que termina imponiendo sobre una obra las obsesiones del intérprete y que a su vez puede relacionarse con la vida del autor mismo como exiliado desde los tiempos de la revolución bolchevique.
Pálido fuego es un laberinto literario de erudición, exilio, identidad y engaño, donde un poema, sus notas y la historia del siglo XX se entrelazan para convertir al lector en cómplice y detective.
Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com