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Desde hace seis años preveíamos un colapso, crisis y problemas económicos y financieros en las instituciones de educación privada, así lo expusimos en un párrafo que paso a reproducir: “…La situación económica que ha afectado a toda la sociedad; el desempleo, la baja de salarios, la quiebra de varios negocios, pequeños y medianos y la reducción del poder económico de los padres de familia, redundará en la falta de matrícula suficiente para los centros educativos, que sufrirán serios problemas financieros para sufragar sus compromisos a veces hasta crediticios; o bien, harían incosteable el sostenimiento de la planta y oferta educativa privada, por dejar de ser negocio redituable.” (“Reflexiones durante la Pandemia 2020: Crisis en el sector educativo” 26-07-2020. Paulino Lorea. Compañía Periodística Meridiano. 2021. Pág. 54)

Esta predicción de aquel entonces hacia el futuro, irremediablemente nos alcanzó, ya que el Secretario de Educación de Guanajuato Luis Ignacio Sánchez Gómez, al dar inicio el ciclo escolar 2026-2027, el lunes 31 de agosto de esta semana, informó que cerraron 26 escuelas particulares sus actividades, que además otras 41 instituciones no tuvieron matrícula ni actividad en los últimos dos años, aunado a que 14 colegios no fueron autorizados para continuar en funcionamiento por diversos requerimientos no desahogados. 

“El caso más reciente y dramático es la primaria Instituto Sir Winston Churchill que cerró después de 56 años en funcionamiento sin dar explicaciones”, dijo el Secretario (Periódico AM pág A.4 1/09/2026.)

Nos parece que uno de los puntos más importantes que han determinado la baja de aproximadamente un 30%, principalmente en los niveles más bajos de escolaridad, como son el kínder, la primaria y secundaria en los colegios privados, en primer término sería la decreciente natalidad en general en el país, pero también en Guanajuato; para algunos en los últimos cinco años, sin embargo, para otros como Luis Ávila, experto en servicios de marketing para el sector educativo, el fenómeno repercute desde hace 10 años, porque ya no hay suficientes alumnos para cubrir las matrículas esperadas.

“Las nuevas generaciones toman decisiones conscientes sobre la paternidad, las adversidades económicas en la crianza de hijos, la salud mental de los jóvenes y la incertidumbre financiera han creado la tormenta perfecta. No es un fenómeno de la calidad educativa. Es demográfico” (Luis Ávila. Bizarro Media. Mayo 6/2026).

Las escuelas privadas tuvieron un buen tiempo para poder prever y prepararse para este ajuste estructurado que se avecinaba desde dos lustros antes, para enfrentarlo con otro tipo de estrategias y amortiguadores que les hubieran no detenido, pero sí suavizado la caída.

Los niveles de kínder y preescolar son los que iniciaron a resentir estos efectos, primero demográficos y que posteriormente se han convertido en situaciones económicas brutales, pues si no hay alumnos suficientes no hay ingresos y los costos continúan permanentemente como salarios, renta, servicios, mantenimiento y en caso de despidos, pasivos laborales, así que un ente educativo privado no puede sobrevivir a estas vicisitudes de manera rápida; de tal manera que se van quedando desiertas muchas áreas físicas como salones, áreas de juego, estacionamientos y otras, y los ingresos resultan insuficientes para subsistir.

La ola de esta crisis se vino observando lenta pero consistentemente, teniendo como eje los puntos geográficos del país en los estados con mayor población, tales como la Ciudad de México, el Estado de México, Jalisco, Veracruz, Nuevo León, Sinaloa y luego casi simultáneamente los del centro del país, entre los que se encuentra Guanajuato, y efectivamente, primero fue el aspecto demográfico de la baja de crecimiento poblacional, pero también se han conjuntado otros factores que se comentan de boca en boca y popularmente en pláticas familiares, de amigos y de compañeros de trabajo. Precisamente antier un amigo y amable lector de esta columna, a propósito del tema, me comentaba que su hija le había informado angustiada que para inscribir y desahogar la necesidad de educación en uno de sus nietos, aquí en León, había tenido que cubrir para inscripción, uniformes, útiles escolares y material para talleres en el nivel de kínder, la estratosférica cantidad de 20 mil pesos, sin contar el costo de la colegiatura que subió exponencialmente en la escuela privada, cuyo nombre omito, aumento que rebasa el nivel disponible de dinero en los hogares, de tal manera que los padres de familia llegan a la encrucijada de elegir entre pagar colegiatura o pagar servicios básicos. Ingredientes que en conjunto son un paquete destructivo para las escuelas privadas.

Al respecto, muchos lectores han visto con esperanza la iniciativa del diputado Sergio Contreras, nuestro amigo, quien propone en materia educativa que las escuelas privadas eliminen el pago de inscripciones (que no tiene justificación y es arbitraria, de arbitrio), entre otras propuestas que ayudarían mucho a la economía familiar y creo que también a la propia permanencia de estas instituciones educativas privadas.

Por último, las escuelas privadas enfrentan también la presión de una cartera vencida de colegiaturas considerable y que se suma a los otros factores ya mencionados, para que continúe la espiral del cierre de más colegios.

Esperemos que en la novena edición del Congreso Internacional de Marketing Educativo (Cimedu), a realizarse del 7 al 9 de noviembre, encuentren nuevas alternativas de solución a este fenómeno crítico de falta de alumnado.

Y, de última hora, la escuela JOL-GUA-BER, con 72 años educando en León, llegó al fin de sus actividades al parecer por baja matrícula. (AM. Primera Plana. Sec A. 4/09/26).

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